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Sociedad

piratería en somalia

Un año después, los 5 marineros vascos que estuvieron en el 'Playa de Bakio' no han superado el trance

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Reconocen abiertamente que tienen «mucho miedo a volver» porque la situación en el Océano Índico «ha empeorado» pese al contingente militar presente en la zona. «Cada vez que se produce el secuestro de algún barco, un escalofrío nos recorre el cuerpo y echamos a temblar», asegura el lekeitiarra Iñaki López, uno de los cinco tripulantes vascos del atunero bermeotarra 'Playa de Bakio' apresado, ayer hizo un año, por piratas a 250 millas de las costas de Somalia. Ninguno de ellos ha podido olvidar «la peor pesadilla de nuestras vidas».
Por mucho que deseen pasar página y hablar lo menos posible del asunto, aquellos seis «interminables días de terror» vuelven «una y otra vez» a la memoria. El destino ha querido que sólo López haya podido pasar el amargo trance de recordar el aniversario en compañía de sus allegados. El resto -Gotzon Clemós, Juan Pedro Sesma, Jaime Candamil y Mikel Arana- se encuentra en alta mar. «En casa, las noticias sobre los secuestros y ataques se viven y sienten de otra manera. Estás a salvo. El miedo llega en alta mar, donde los ataques son constantes», asegura el lekeitiarra, al que ya le queda poco tiempo para disfrutar en tierra. En quince días partirá rumbo al avispero de piratas.
«Cuando nos enteramos de que habían intentado abordar el 'Playa de Anzoras' -septiembre de 2008- lo pasamos realmente mal, muy mal. Nos vino encima todo de golpe; las amenazas de muerte, los robos, las humillaciones...», reconoce López, más conocido como 'Txikerra'. Mari Carmen, la esposa del también lekeitiarra Juan Pedro Sesma, no quiere «ni escuchar las noticias». Vive con el miedo metido en el cuerpo. La oleada de ataques piratas, que en las últimas semanas han multiplicado su actividad, hacen que «crezca la angustia». Espera impaciente la llamada de su marido. Sólo ansía escuchar que todo va bien.
«Antes únicamente telefoneaba cuando entraban a puerto, pero desde el secuestro hablamos todas las semanas. Están muy desanimados y asustados. La situación está cada vez peor. '¿A dónde vamos a ir si estamos vendidos?' me dice siempre. Sólo pueden faenar algo tranquilos en una zona donde apenas hay pesca. ¿De qué vamos a vivir?», asegura Mari Carmen.
A juicio de los familiares, la misión de la Unión Europea, que actualmente está compuesta por ocho barcos, dos aviones y 1.200 efectivos, «no sirve de mucho» para los atuneros vascos. «Están más centrados en garantizar el tráfico de mercancías que en cuidar a nuestros pesqueros. Es lamentable que transcurrido un año de aquella pesadilla todo siga igual», afirma Joxe Mari Arana, el padre del tripulante más joven del quinteto de marineros vascos enrolado en el 'Playa de Bakio' aquel fatídico 20 de abril de 2008.
Mikel Arana navega ahora en un buque perteneciente a otra empresa bermeotarra pero no ha podido borrar de su mente a los famélicos piratas que les torturaron y amenazaron constantemente. Los secuestradores, que llegaron a ser una veintena en distintos relevos, estaban armados hasta los dientes y mantuvieron en todo momento encañonada a la tripulación.
Rescates violentos
Para el gernikarra Gotzon Clemós tampoco resulta «nada fácil» regresar de nuevo al escenario del cautiverio, «aunque no queda más remedio». «Le gustaría dar carpetazo al tema, pero no puede. Cuando está aquí por las constantes noticias sobre piratería que llegan casi a diario, y allí, porque está en la boca del lobo», sostienen sus allegados. Los últimos secuestros de barcos, resueltos algunos de ellos con acciones militares en las que fallecieron tanto captores como alguno de los prisioneros, representan una nueva motivo de zozobra para las familias. «Oyes hablar de rescates y muertes y te vuelves loca», aseguran desde la casa del marinero pasaitarra Jaime Candamil.
Desde el principio, los piratas que apresaron el 'Playa de Bakio' dejaron claro que buscaban dinero. La empresa Pevasa, propietaria del buque, emprendió una compleja negociación con los asaltantes que, según todas las fuentes, exigían un millón de dólares. «Aquello terminó bien, pero ¿podremos superar otro ataque?», se preguntan los afectados.
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