L a encuesta de la Población en Relación con la Actividad (PRA) correspondiente al primer trimestre del año confirma el implacable declive de la economía vasca a través de su faceta más sensible, el empleo. Por encima de los valores absolutos de paro, que todavía son comparativamente razonables (una tasa del 7,7% frente al 7,9% de la UE o el 15,5% de España), el dato más preocupante es el alto ritmo de deterioro de la ocupación, en proporciones desconocidas en el cuarto de siglo que se lleva realizando la estadística. Y máxime cuando la PRA muestra la mayor destrucción de empleo en los últimos veinte años, con el agravante de estar seriamente afectado el corazón de la economía vasca, el sector industrial.
Es evidente que el Gobierno de Ibarretxe se equivocó al pronosticar un abrigo frente a la crisis para Euskadi. Una previsión oficial excesivamente optimista, con un innegable componente electoral, que ha sido desbordada por la realidad. En los noventa primeros días de 2009 el paro ya ha rebasado en más de dos puntos y medio el cálculo revisado del Ejecutivo de Ibarretxe para todo el año. Y, en el mismo periodo, se ha doblado la caída de la ocupación con respecto a los vaticinios oficiales. La economía vasca, aunque con retraso por su singularidad estructural y su ubicación en el ciclo productivo, transita por la misma senda de crisis que el resto de las occidentales, sin que exista ningún indicio que anuncie una mejoría en los próximos meses. Ésta será la dura herencia que recogerá el Ejecutivo de Patxi López. Y es tal la gravedad de la situación que no sólo debe convertirse en la prioridad de su acción de gobierno, sino que interpela a todas las formaciones políticas y, en especial, a la que ha ostentado el poder en las tres últimas décadas, para que asuman la recuperación económica y la lucha contra el desempleo como una responsabilidad de país.
En estas circunstancias, el diálogo social es una necesidad imperiosa e ineludible. Por ello, las declaraciones del secretario general de ELA, y de otros líderes sindicales nacionalistas, negando su participación, es una actitud negativa y reprobable que se agrava con el anuncio de una huelga general cuya inoportunidad es manifiesta y su justificación, inexplicable. El problema del empleo sólo se puede solucionar con el esfuerzo conjunto de todos los agentes sociales, huyendo de posturas egoístas y de posiciones previas maximalistas e inconciliables con una realidad acuciante.