Al final no hubo sorpresas. La Declaración de Puerto España no obtuvo ayer la unanimidad de los 34 mandatarios reunidos en la V Cumbre de las Américas pero todos destacaron el «éxito» del encuentro que ha establecido un nuevo clima de entendimiento entre Estados Unidos y los países que, hasta hace muy poco, eran considerados como «su patio trasero».
En la ceremonia de clausura, el primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, aseguró que estaba «hablando por todos» al afirmar que «nunca antes se había alcanzado tal espíritu de cooperación». Y añadió que «por consenso» de los asistentes él fue el único en rubricar la declaración que había sido rechazada por Hugo Chávez en nombre de los países que integran la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) -Bolivia, Cuba, Dominicana, Honduras, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Venezuela- por no incluir el apartado del levantamiento del embargo a Cuba. Previsiblemente, Ecuador y Paraguay -que asistieron como observadores al reciente encuentro de Caracas- pudieron sumarse a la postura encabezada por el líder bolivariano.
Pero fue lo de menos. El tema de la declaración quedó relegado a un segundo plano. Porque el primer encuentro del mandatario estadounidense, Barack Obama, con sus pares del continente sur y su oferta de establecer «una alianza entre iguales» ha servido para recuperar muchas de las relaciones bilaterales. Por eso, el inquilino de la Casa Blanca expuso su deseo de «ser un socio efectivo», aunque pidió «hechos y no palabras».
En su despedida del archipiélago caribeño, Obama prometió establecer una nueva «era de cooperación» y de «respeto» con los países soberanos y democráticos de América Latina pese a sus diferencias de opiniones. Indicó que esa colaboración debe ir más allá de la ya establecida en el campo militar y en la lucha contra el narcotráfico.
La cumbre culminada ayer fue asimismo un foro para impulsar un acercamiento a Cuba -las relaciones están rotas desde 1962 en que fue expulsada de la OEA- y para abordar el tema del embargo unilateral contra la isla comunista, asunto que ha ocupado muchos de los minutos de las intervenciones de los asistentes.
Tras las ratificaciones de las ofertas de diálogo a La Habana y las protestas de los principales aliados del régimen castrista por su ausencia del foro, Obama recordó que EE UU ha movido ficha al levantar las prohibiciones de los viajes y envíos de dinero a la isla para los cubanoamericanos, por lo que hora le toca al Gobierno cubano responder. En rueda de prensa reconoció que la política de su país en este contencioso «no ha funcionado en cincuenta años porque el pueblo de Cuba hoy no es libre», pero mostró su esperanza de que el Ejecutivo que preside Raúl Castro ofrezca signos claros de su disposición para «la democratización, libertad de los presos políticos y respeto a los derechos humanos», y para bajar las cuotas que cobra por las remesas remitidas desde el exilio.
«Señal de progreso»
El presidente afroamericano valoró como «una señal de progreso», que EE UU «va a explorar», la oferta de Castro de dialogar de «todo». Y aunque considera que las cosas «no las cambiaremos de la noche a la mañana», al menos existe esa posibilidad. Además, Obama confió en que las nuevas relaciones establecidas entre su país y Latinoamérica ayuden a que se concrete el cambio en Cuba. El dirigente caribeño ofreció recientemente estar dispuesto a dialogar de igual a igual con el gigante mundial. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho. Y tampoco se espera que la apertura llegue en un abrir y cerrar de ojos. Tomará tiempo y Obama lo sabe.
El presidente norteamericano expresó su repulsa por el intento de asesinato que denunció el mandatario boliviano, Evo Morales, que se había quejado de que Obama no aludiera a ello en la primera jornada de la cumbre. Según un funcionario de la delegación estadounidense «el presidente dejó claro la política de su Gobierno de no respaldar y sí repudiar este tipo de actividades».
Por su parte, Manning destacó que después de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca prometiera una «nueva dirección y un nueva visión de Estados Unidos» en la región, tanto Chávez -su adversario más recalcitrante-, como Morales y el mandatario nicaragüense, Daniel Ortega -que tampoco se quedan atrás-, reconocían el talante renovado de Washington de cara a sus vecinos del centro y del sur.
Un alto funcionario estadounidense aseguraba que el clima general del encuentro «ha sido notable, tanto por su cordialidad como por la actitud colaboradora» y las «perspectivas de cooperación», por lo que no dudó en calificar la cumbre de «éxito» para su jefe.
Al presentar las conclusiones, el anfitrión y primer ministro trinitense explicó que en los debates de la cita caribeña también se expresaron las preocupaciones de los gobiernos por combatir la crisis económica mundial, la ampliación de capital del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la situación en Haití.