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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Álvaro Ron es el creador de una empresa de globos con la que la gente hace regalos a amigos o se permite la licencia de surcar suavemente el aire
19.04.09 -

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Con vista de pájaro
Álvaro Ron ha creado una empresa de globos. / IGOR AIZPURU
Álvaro Ron, hijo de quien fue directivo del Deportivo Alavés con Lalastra, Ortiz de Zárate y el ínclito Julián Ortiz Gil, recuerda sus años en el instituto Ramiro de Maeztu como «los mejores de mi vida, espectaculares» porque allí convivió con «gente de otras formas de pensar». Esa apertura mental le sirvió para embarcarse en proyectos de altura, término literal, que sólo materializan unos pocos. Pero todo ello sin dejar otras actividades que le posan los pies en la tierra. Estudió para protésico dental y nunca ha ejercido, hizo de todo en el Festival de Jazz, se gana la vida con la mediación de seguros «por herencia familiar» y creó su propia empresa de globos aerostáticos, de la que también come.
«Hace años vi un reportaje en la tele sobre globos y poco después leí en una revista las empresas autorizadas en España para hacer vuelos. Me puse en contacto con una de Madrid y me quedé a trabajar con ellos año y medio. Íbamos a San Fermín, a las fiestas de Valencia, de Sevilla, de Alicante, de Gijón, de Vitoria... Era una vida de feriante con fines publicitarios con la que me pagué la licencia». 425.000 pesetas de las del año 2000 le costó el permiso requerido para volar en globo. «Es a efectos deportivos». Lo advierte porque para crear luego su propia firma necesitó un papeleo incesante, cuya última sentencia la dicta Aviación Civil.
Y la copita de cava
Con Álavaenglobo.com, Álvaro se proponía tareas como la fotografía aérea, el soporte publicitario y los vuelos turísticos, la faceta que más le ocupa y mejores dividendos le rinde. «Después de trabajar con los de Madrid me dije '¿y por qué no me monto por mi cuenta?' Empecé con un globo para dos personas que anda por los 30.000 euros y ahora tengo uno de ocho plazas que cuesta 66.000».
Su firma nació hace seis años y buena parte de la clientela es particular. «El 70% es gente que quiere hacer un regalo a alguien o que se lo hace a sí misma. Antes de la crisis trabajaba más con empresas de lo que lo hago ahora».
Cobra 170 euros por pasajero, pero avisa que la experiencia no se reduce, aun siendo lo fundamental, a esa libertad que resulta de surcar suavementel el aire. «El vuelo en sí puede durar hora y cuarto, pero yo vendo un recuerdo. En realidad, se trata de pasar toda la mañana, cuatro o cinco horas. Solemos quedar en Zurbano para sobrevolar La Llanada o Vitoria. Pero es zona de nieblas y a veces lo hacemos en Haro, en Orduña o en agroturismos de alto nivel en Soria. Al aterrizar tomamos una copita de cava, sacamos unas fotos...».
Detrás de cada viaje hay un montón de requisitos que cumplimentar. Álvaro cuenta con las autorizaciones de Aviación Civil, AENA y el aeropuerto de Foronda cada vez que la barquilla se eleva hacia el cielo. Él es el dueño de una de las cuarenta firmas registradas en España y asegura que el globo le cambió la vida. «Hay que madrugar mucho, estar pendiente de los partes meteorológicos... Pero estoy contento con el tema de los pasajeros. Funciona muy bien el boca a boca».
Ahora Álvaro se ha propuesto un paso más, recuperar «los otros globos, los de gas que van con hidrógeno, no con propano». Son cerrados, de forma esférica. Acaba de llegar de Alemania, donde le exigen unas horas de actividad para obtener la licencia y, ya con ella, implantarla aquí. «Es una forma de volar más auténtica que la del globo de aire caliente, más silenciosa, y tiene fines deportivos». También sabe de ello porque organizó dos campeonatos de Euskadi.
-¿Qué sensaciones le procura el globo?
-Es la manera primitiva de volar, muy diferente a otras. El globo siempre se ha visto como algo simpático, romántico. Me siento un privilegiado porque veo todo desde una perspectiva absolutamente diferente. Me da mucha sensación de paz. Me deja muy bien, tío.
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