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La Casa Blanca entierra «un doloroso y oscuro capítulo de nuestra historia»
18.04.09 -

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Estados Unidos deja impunes las torturas de la era Bush
Guardianes estadounidenses vigilan a los prisioneros en sus celdas de Guantánamo./ AP
¿Cómo se mide la conciencia de alguien? Las de George W. Bush, Dick Cheney, Alberto González y todos sus acólitos que autorizaron el uso de torturas debe ser impenetrable. Todas las «técnicas de interrogatorio» que burlaban la definición legal y no lograban sacudir las conciencias recibían luz verde.
El Gobierno Obama no les llevará a los tribunales, decidido a enterrar lo que él mismo llama «un doloroso y oscuro capítulo de nuestra historia», pero ha accedido a hacer públicos memorandos secretos que permiten comparar sus estándares de conciencia al del resto de la humanidad.
Veamos. Esposar a alguien con grilletes para obligarle a estar de pie sin dormir hasta once días seguidos. Encerrarle en espacios claustrofóbicos en los que no pueda ni moverse e introducir insectos a los que tenga fobia. Estamparle repetidamente contra un muro. Golpearle en el abdomen. Forzarle a adoptar posturas imposibles. Alimentarle con comidas repugnantes. Lanzarle agua fría a presión sin difusor. Inducirle a la sensación de ahogarse vertiendo agua sobre la boca y la nariz, con la cara tapada.
Son algunos de los métodos que los interrogadores consultaron previamente con sus superiores en la Casa Blanca y el Departamento de Justicia para asegurarse de que estaban permitidos.
No sacudir conciencias
En los cuatro memorandos secretos los subordinados de Bush, cuyo objetivo era que las medidas «no sacudieran las conciencias», decidieron que ninguna de esas tácticas era tortura. Y es que «cualquier dolor asociado con la fatiga muscular no tiene la intensidad suficiente como para suponer dolor físico severo o sufrimiento», que es lo que demanda el estatuto de la Convención de la ONU, «aunque se pueda decir que es difícil de soportar».
Tampoco lo es inducir al pánico de una muerte inminente por ahogamiento, «porque la sensación de morir ahogado se alivia inmediatamente en cuanto se le retira el trapo de la cara». Ni humillar a los reos desnudos delante de mujeres, pese a las sensibilidades culturales. Ni alimentarles con comidas repugnantes «porque se asegurarían de que son nutricionalmente completas». Y les pondrían una toalla en la cabeza y el cuello para limitar el riesgo de daños al estamparlos contra la pared.
Los informes escritos por algunos de los funcionarios que la Audiencia Nacional quiere perseguir por torturas en Guantánamo salen a la luz después de que una organización de derechos humanos lo haya requerido legalmente durante años. El Gobierno Obama ha tenido que luchar contra la CIA para darlos a conocer, pero se niega siquiera al establecimiento de una comisión de la verdad que permitiera al público saber todos los detalles a cambio de inmunidad. Cuestiones de conciencia.
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