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BOBBY KNIGHT MEJOR ENTRENADOR UNIVERSITARIO DE BALONCESTO DE LA HISTORIA EN ESTADOS UNIDOS

El 'general' ejerce de icono tras su retirada y pasea su leyenda por el mundo. La suya es una historia sin desperdicio, siempre unida a un carácter marcial e irrepetible
18.04.09 -

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«Michael Jordan es el mejor jugador al que nadie ha podido entrenar»
Bobby Knight, en un momento de la entrevista de ayer. / FERNANDO GÓMEZ
Se juntan el hambre y las ganas de comer. Unidos por los antebrazos, como si tuvieran que tomar aire para hablar de su pasión, Bobby Knight y Moncho Monsalve. El técnico norteamericano acaba de convertir la presentación del II Baden Basketball, el 'clinic' que imparte hoy en Bilbao, en un diálogo con su amigo y actual seleccionador brasileño. Hablan de viajes, de la pesca, de batallitas de antaño. Hay que solicitar un tiempo muerto para que 'el general' se enfrente a sus citas mediáticas.
Tiene un estigma de 'come periodistas', pero su trato es amable, cordial. No tarda en sentirse cómodo en la charla y no frunce el ceño ante tema alguno. Y los hay espinosos en su trayectoria. De sus manos voló alguna silla en dirección a un árbitro y algún tortazo y zarandeos a varios jugadores. Y de su boca surgieron incontables sapos y culebras. Era su método, el sistema que llevó a Knight a ganar tres títulos NCAA (liga universitaria en Estados Unidos), uno de ellos en 1976 sin perder un solo partido. De su cuello colgó la medalla de oro olímpica que España aplaudió desde el peldaño del subcampeón en los Juegos de Los Ángeles'84.
Retirado el pasado año tras ceder los bártulos a su hijo Pat en la universidad de Texas Tech, ahora ejerce de lo que es, un icono. Arranca la entrevista pidiendo más cercanía. Quiere que su interlocutor comparta sofá. Y sigue hablando en presente, como si siguiera en activo.
-¿Le gustan las distancias cortas?
-No, prefiero las largas. Pero así estamos mejor, ¿no cree?
-En 2003 escribió su biografía, 'Mi historia'. ¿Es la de una persona o la de un símbolo?
-Las definiciones las dejo para los demás. Me encanta entrenar, mis equipos siempre han sido buenos y han jugado bien. Que sean otros los que lo evalúen.
-¿Le ha llenado su historia?
-Nunca pienso en eso. He entrenado lo mejor que he sabido.
-Se le presenta como un personaje casi bipolar. Granítico en la cancha y mullido en la vida privada.
-Mi meta siempre ha sido que los jugadores den lo máximo y hagan el mejor baloncesto posible. Haciendo eso les he aportado otros muchos aspectos en su vida. Con eso me basta.
-¿Hubiera tenido un carácter tan estricto de no haber pasado seis años entrenando al equipo militar en West Point?
-Desde que jugaba he sido competitivo y no creo que hubiera cambiado de no haber estado allí. Siempre he querido ganar en todo lo que he hecho.
-Lo suyo con la NBA, ¿ha sido desprecio?
-Siempre me ha gustado la dedicación al juego que hay en la universidad. En la NCAA se juegan treinta partidos y los profesionales se van hasta los noventa y no tienen tiempo para trabajar. (Coge el cuaderno del entrevistador e inicia el dibujo de un esquema. Esta es la temporada de la universidad (traza una raya corta) y esta es la de la NBA (un trazo mucho más largo). Se juegan demasiados partidos que no tienes tiempo de preparar. En la universidad hay mucho más espacio entre partidos y es en ese tiempo en el que incide realmente la importancia del entrenador. No quiero un equipo que juegue esta noche en Los Ángeles y mañana en Dallas. Lo que más me gusta es preparar al equipo en base a mis gustos de juego y hacerlo, además, en relación al contrario al que te enfrentas.
«Soy un profesor»
-¿Entiende que el universitario es un baloncesto más puro?
-(Medita unos segundos). No, porque al final en la NBA están los mejores jugadores del mundo. Como entrenador, influyes mucho más en la NCAA. Soy un profesor, no un gerente.
-¿Cuál es la virtud que más le satisface en el perfil de su jugador ideal?
-En el aspecto físico, la velocidad. Además, la inteligencia, saber jugar. hay jugadores con buenas condiciones que no saben emplearlas. La inteligencia es a lo físico un cuatro a uno.
-¿Y el defecto que más aborrece?
-El desperdicio del talento. Que quien lo tiene no sepa qué hacer con él.
-Sin saberlo, ha tenido dos puntos de encuentro indirecto con esta ciudad. En la final de Los Ángeles'84 en la selección española jugaba un bilbaíno, Juanma López Iturriaga.
-Ahora me es difícil recordar individualmente a aquellos jugadores.
-Pero sí recordará el partido.
-Claro. ¡Ganamos fácil, éramos demasiado buenos! (ríe). Ganábamos por veintisiete puntos en el descanso. Recuerdo que Antonio (Díaz Miguel, el seleccionador español, ya fallecido) estaba muy triste al acabar el partido y le recordé que Michael Jordan jugaba con nosotros. Antes habíamos jugado contra Alemania, ganamos por casi treinta puntos haciendo muchos cambios y al final íbamos sólo doce arriba, con Jordan sólo quince minutos en cancha. Los alemanes creían que estaban muy cerca y les pudimos ganar de cuarenta. España lo hizo mejor.
Pescar, cazar y viajar
-A aquella selección que usted dirigió e hizo campeona le llovieron los halagos.
-Aquel fue uno de los dos mejores junto al de Roma'60 de Oscar Robertson y Jerry West. Pete Newell era el entrenador. En el 84 en Los Ángeles, le preguntaron a West que comparase ambas selecciones y dijo que estaban entrenadas por la misma persona. Compararme con Pete Newell es el mejor halago que me han hecho.
-El segundo nexo con Bilbao es que entrenó a Lucas Recker en Indiana.
-Sí, le recuerdo.
-¿Puede ser más explícito?
-(Muy serio y con ganas de pasar página) No le he visto desde hace muchísimo tiempo.
-Sigamos con nombres propios. ¿Es Michael Jordan el mejor jugador al que ha entrenado?
-Es el mejor jugador al que nadie ha podido entrenar.
-¿Ha tenido que prepararse para su retirada?
-Sigo en contacto con el baloncesto porque soy comentarista de la ESPN (cadena de televisión americana). Además me gusta mucho pescar y cazar y viajar con mi mujer para dar conferencias y charlas. Con el paso de los años y los viajes ahora puedo hacer algo que me satisface mucho: saber pedir un plato leyendo la carta o solicitar cambios en un banco o seguir las indicaciones que me dan para ir a un lugar. La pasada noche leí la carta del 'room service' a mi mujer y ella corroboró, al percatarse que por detrás estaba en inglés, que me defiendo bien.
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