El PSOE buscará alianzas en el Congreso con las formaciones de izquierdas -ERC, IU-ICV y BNG- para superar la situación de debilidad en la que se encuentra José Luis Rodríguez Zapatero en la Cámara baja. Los socialistas ven factible consensuar con estas fuerzas el suficiente número de leyes sociales como para dar un respiro al Gobierno. Sin embargo, admiten que hay varios obstáculos que vencer. Por encima de todos, la cuestión de la financiación catalana y la desconfianza que siguen manteniendo esos pretendientes hacia los cantos de sirena que les pueda lanzar el PSOE, que está a siete escaños de la mayoría absoluta.
La decisión adoptada por Zapatero al inicio de esta legislatura de no conformar pactos estables con otras fuerzas parlamentarias ha provocado que el grupo socialista en el Congreso -ahora liderado por José Antonio Alonso y Eduardo Madina- tenga que hacer malabares para que las leyes que presenta el Ejecutivo salgan adelante. Y más aún después de que el PNV haya subrayado que no dará ni agua al PSOE por la decisión de Patxi López de llegar a la presidencia de Ajuria Enea. Los seis escaños jeltzales, por ejemplo, fueron esenciales en diciembre para que se aprobasen los Presupuestos de Zapatero a cambio de que el PSE hiciese lo propio con los de Juan José Ibarretxe en Vitoria.
Pero ese escenario de relativa tranquilidad se ha evaporado y el que ha surgido es mucho más sombrío. Descartado el acuerdo a corto plazo con el PNV, al PSOE le quedan dos opciones: CiU o los grupos minoritarios. Los socialistas admiten que cualquier acercamiento a Convergencia es muy complicado y que está condicionado a dos cuestiones. Por un lado, las elecciones catalanas. Según el análisis socialista, la formación liderada por Artur Mas querrá mantener la tensión hasta esos comicios -previstos para finales de 2011- con un discurso reivindicativo destinado a erosionar al tripartito de José Montilla.
Sin embargo, el verdadero obstáculo es el sistema de financiación catalán, cuya aprobación los socialistas llevan dando por hecha desde finales del año pasado pero que sigue eternizándose. Y mientras la discusión esté abierta, el acuerdo es imposible. A esto hay que sumar la resolución sobre el Estatut que tiene que dictar el Tribunal Constitucional y que podría enrarecer aún más el ambiente.
La cifra mágica
Por tanto, al PSOE sólo le quedan los minoritarios. Sobre el papel, los aliados más factibles son Esquerra Republicana (3 diputados), Izquierda Unida (1), Iniciativa per Catalunya (1) y el Bloque Nacionalista Galego (2). Los tres primeros están juntos en un mismo grupo parlamentario, mientras que el BNG está encuadrado en el mixto. Suman la cifra mágica: siete escaños.
La teoría beneficia al PSOE. Se trata de los aliados con los que contó Zapatero la pasada legislatura y con varios ha gobernado o gobierna en Cataluña y Galicia. Pero, en la práctica, los nubarrones siguen siendo intensos. Para empezar, si no hay acuerdo de financiación, ERC e ICV mantendrán las distancias. Además, en estas formaciones sigue habiendo un cierto recelo a pactar con el PSOE después del duro varapalo que sufrieron en las últimas generales, donde parte de su electorado apostó por el 'voto útil anti-Rajoy'.
En todo caso, el PSOE es optimista. Considera que la financiación quedará resuelta a corto plazo y que, aunque no sea sí, con ERC e ICV se pueden suscribir los suficientes acuerdos en materia de derechos sociales como para que Zapatero salve los muebles. Si estas previsiones aciertan, el PNV perderá un importante elemento de presión; si fallan, el PSOE tendrá un grave problema.