El teléfono no para de sonar desde hace semanas en los talleres y cristalerías especializadas en automóviles de Vitoria. Y al otro lado del aparato se escucha, llamada tras llamada, la misma historia: clientes «indignados» quieren cambiar alguna ventanilla de su coche porque se la han roto para acceder a su interior y robarles. La desagradable escena se ha repetido al menos hasta en noventa ocasiones en los últimos quince días. Ésa es la cifra de turismos que, según los informes de la Policía Local, han sufrido alguna sustracción o desperfecto desde el 1 de abril. El disgusto de los conductores se transforma en negocio para los talleres que, en una semana normal, pueden llegar a arreglar «unas cuarenta o cincuenta lunas, cuando antes se hacían ocho, diez o, como mucho, quince». Éste es el caso de la delegación alavesa de la cristalería Carglass, donde se han visto obligados a pedir «apoyos para poder dar salida a todas las reparaciones», relata uno de sus mecánicos. El interesado puede disponer así de su vehículo «de un día para otro».
Pero el mal trago no se lo quita nadie. «A veces, encima, hacen unos destrozos increíbles para llevarse una pijada. Hay personas a las que les han entrado para quitarles una bolsa con un periódico», comenta José Luis Martínez, de Cristalauto. Por sus manos pasan cada día más vehículos y aunque, a diferencia de otras empresas no ha tenido todavía que solicitar refuerzos, sube la persiana «todos los lunes pensando cuántos robos habrá habido durante el fin de semana». Hasta poco después de verano, no atendían más de dos clientes semanales por este motivo, mientras que hoy alcanzan de diez a quince. Los arreglos de cristales se han multiplicado por cinco. «Me entra la risa cuando niegan que haya una oleada de robos o un aumento de la inseguridad», dice enfundado en su mono de trabajo.
A su lado, su compañero, Pablo Sanz cuenta cómo ha observado a «ciertas personas merodeando al lado de los coches estacionados y mirando lo que tenían dentro». «Y eso a plena luz del día», apostilla. «No son profesionales sino unos chapuceros. Al taller nos llegan vehículos con las puertas desencajadas, cristales rotos con una piedra...», indica Martínez. El panorama resulta bastante similar en Carglass, donde han reparado «más de una ventanilla rota -casi siempre la del copiloto- porque intentan entrar por un lado, no lo logran y prueban por otro».
Al depósito municipal
Los mecánicos aclaran que la mayoría de estas 'víctimas' de cuatro ruedas se hallaban estacionadas en la calle. «Pero los de los garajes tampoco se libran», matizan en Cristalauto. Por ello, muchos propietarios puede que se encuentren a la vuelta de vacaciones con «un regalo» en el automóvil. «Llevamos cinco lunas arregladas desde que acabó la Semana Santa -entre el martes y ayer- y me temo que todavía hay bastante gente fuera de la ciudad que no sabe cómo tiene aquí el coche», advierten los mecánicos de esta compañía.
Lo habitual es que la Policía Local se ponga en contacto con el dueño del vehículo dañado -tras identificarlo a través de la matrícula- y, en caso de no conseguirlo, se traslada «por seguridad» al depósito municipal de Aguirrelanda, aclaran fuentes municipales.
La 'broma' de la reparación no baja de los cien euros, aunque gran parte de los conductores incluyen ya las lunas dentro del seguro del automóvil, y éste se hace cargo del coste del arreglo. Pero esto no es lo que más preocupa a los afectados que, cuentan los mecánicos, se quejan de que «el ladrón -en estos últimos 15 días sólo se detuvieron 5 personas por estos 90 delitos- está en dos días en la calle».