«No quiero lloros porque es perder el tiempo. Esto es deporte». Fueron las palabras de Neven Spahija después de que el Pamesa cayera hace dos semanas en la 'Final a Ocho' de la Eurocup a las primeras de cambio ante el Khimki ruso de Sergio Scariolo. Para el croata, la derrota era una posibilidad ante un equipo labrado a golpe de talonario con estrellas como Delfino o Garbajosa. Sin embargo, desde el entorno del club valenciano el tropiezo se emparenta con el drama de haber perdido un nuevo atajo para colarse en la Euroliga la próxima temporada.
Desde la decepción de Turín, Spahija pelea contra el ambiente de pesimismo que rodea a un club siempre expuesto a desequilibrios y a galernas que arrasan con todo cada vez que una decepción deportiva llama a la puerta. «Aquí en Valencia los juicios se hacen sin pensar ni en el equipo ni en el que se tiene delante. Perder contra un rival como el Khimki no creo que sea un desastre», lamenta Spahija.
Con el equipo peleando por un puesto en los 'play off', se han sucedido las críticas y la publicación de listas más o menos fiables de altas y bajas para la próxima temporada. Como suele suceder, los objetivos son de lo más variados; desde el recurrente Saúl Blanco (Fuenlabrada) hasta la perla más valiosa del Partizán, Milenko Tepic. Mientras, el club y sus alrededores parecen un paño de lágrimas que apenas se han enjugado tras la victoria del sábado pasado ante el iurbentia. «La temporada no ha terminado aún y tengo muchas ganas de seguir compitiendo mientras esté abierta», ha tenido que recordar el preparador de Sibenik, que mañana visitará por primera vez a Zurbano desde que lograra el título de la Liga ACB con el TAU la pasada campaña.
De hecho, ni siquiera Neven Spahija se salva de las especulaciones sobre su posible continuidad en Valencia. «Creo que me quedaré, pero no seré yo quien lo afirme. Ya he ganado en otros clubes dos Ligas y, nada más ganarlas, me han echado diciendo que el club necesitaba otra cosa para mejorar», recapitula. Su principal aval era el de llegar a Valencia con la vitola de técnico experimentado y con un alto grado de fiabilidad en los momentos críticos de la temporada, un esquema que se ha roto en la Eurocup.
La clave es Claver
Por otra parte, el Pamesa comandado por Spahija no ha podido zafarse de la sensación que transmite un club que siempre parece competir por debajo de sus posibilidades. Las ausencias y las reestructuraciones también han tenido su parte de culpa. En el primer apartado, la lesión de cuatro meses de Víctor Claver se ha convertido en una auténtica pesadilla para el preparador croata. Repuesto de una operación en la tibia, el alero valenciano afronta un retorno progresivo a la competición, con racionamiento de minutos para no propiciar recaídas.
Durante la larga convalecencia de Claver, se han sucedido las incorporaciones con la llegada acertada de Matt Nielsen desde el Lietuvos Rytas, el reclutamiento del alero Kenny Gregory o la irrupción del joven georgiano Tornike Shengelia. Mal que bien, el Pamesa sigue vivo en términos clasificatorios. Al menos, Neven Spahija se resiste a echar el cierre.