Más de medio siglo después de que empezase el drama del exilio cubano, el Gobierno de Estados Unidos ha decidido dejar de contribuir a la división de las familias que se extienden al otro lado de la Florida y abrir la puerta a las compañías de telecomunicaciones. A partir de hoy los cubanoamericanos no encontrarán restricciones por parte de la Casa Blanca para visitar la isla, y hasta podrán ver allí la CNN. «Nadie debe intervenir en las relaciones familiares cubanas, tampoco el Ejecutivo de la isla caribeña», dijo a la Agencia Efe un alto funcionario de la Administración Obama.
En Miami ardían los teléfonos, y a más de uno le hervía sangre. La noticia fue filtrada discretamente por la mañana a contados medios hispanos para desactivar el impacto inevitable. «Es un error cuando Cuba no ha dado ni muestras de que va a cambiar», protestó Nisnoska Pérez, portavoz del Consejo por la Libertad de Cuba. «El objetivo es que Cuba sea democrática, no que unos cuántos puedan viajar», añadía.
El nuevo presidente norteamericano acaba de revertir el endurecimiento del embargo que puso en marcha su predecesor en 2004 e incluso ha dado un paso más. Hasta esa fecha los familiares de cubanos podían visitar a sus parientes una vez al año. Con Bush, una vez cada tres años, por un máximo de catorce días. Y ahora, cada vez que quieran, incluso si sólo les queda allí un primo segundo. Asumiendo, claro, que el régimen cubano se lo permita.
Lo de Bush, según Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia, fue «una medida torpe, tomada exclusivamente por razones electorales, no estratégicas». Al trabar el movimiento de personas y remesas, Washington aislaba precisamente a los disidentes cubanos de la isla a los que intentaba ayudar. «Cuando empiezan a reclamar cambios se quedan sin trabajo y no pueden sobrevivir sin el apoyo del exterior», explicó. Cuba ni siquiera les considera disidentes, sino «agentes» pagados por el exilio para desestabilizar el régimen, así que falta ver si el Gobierno de La Habana escucha la petición de no interferir en estas relaciones y apartarse «del negocio» que suponen, dijo Dan Restrepo, asesor del presidente para Latinoamérica.
«Ha quedado demostrado que las sanciones de Bush nunca contribuyeron a la libertad de los cubanos», dictaminó Sánchez. «Por el contrario, permitieron al régimen desarrollar una industria que le deja 1.000 millones de dólares -748 millones de euros- al año. Las llamadas a Cuba cuestan diez veces más. Y el envío de paquetes tres o cuatro veces más».
Aislados
Casi 750 millones anuales es también el valor aproximado de las remesas que enviaba a la isla hasta 2004 el exilio de 1,5 millones de cubanoamericanos. «Al final del día los disidentes estaban más aislados que nunca, las familias más divididas y encima comprometía nuestra lucha, porque contribuía a presentarnos como parte de la política exterior de Estados Unidos y perdíamos el respeto en el mundo», se quejaba este miembro del exilio, que no espera lograr nunca un visado de entrada.
Para el resto de los norteamericanos, Cuba seguirá siendo la isla prohibida. Con su cautela habitual, poco amigo de decisiones drásticas, Obama prometió en mayo pasado mantener el embargo pero eliminar inmediatamente las restricciones entre los familiares para hacerlos «menos dependientes del régimen de Castro». Su estrategia es la de «no hay mejores embajadores para la libertad que los cubanoamericanos».
Con todo, quizá la parte más revolucionaria de las medidas anunciadas ayer son las autorizaciones que el presidente ha dado a los Departamentos del Tesoro y de Comercio para permitir que las compañías estadounidenses de telecomunicaciones firmen acuerdos con sus contrapartes cubanas. En la práctica eso supone un gran agujero al embargo que prohíbe el comercio entre ambos países, autorizado sólo en temas puntuales como la agricultura, que se camuflan de humanitarios.
Televisión, radio, telefonía.. Obama pretende «abrir el flujo de información» para que puedan crecer «los movimientos de bases de la democracia», explicó su asesor para Latinoamérica.
El anuncio ocurre a tres días de que Obama viaje a México camino de la Cumbre de las Américas, que se celebrará el fin de semana en Trinidad y Tobago. Allí se encontrará con líderes como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que le había pedido mejorar sus relaciones con Cuba. Y con ello el presidente que no quiso poner la cara en Estados Unidos para el anuncio de estas medidas históricas se garantiza un buen recibimiento.