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El Gabinete Agirre ha tasado el valor del conjunto monumental en 3 millones, tres veces menos de lo solicitado por los Dominicos

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La Diputación aplaza la adquisición del monasterio de Quejana por la crisis
Vista del conjunto de edificios que forman el palacio, el convento, la torre-capilla y la iglesia. / BLANCA CASTILLO
La Diputación ha topado con la Iglesia, institución con la que lleva meses negociando la compra del conjunto monumental de Quejana, de época medieval y considerado el más importante de Álava de sus características. Después de muchos tiras y aflojas y propuestas económicas en papel mojado, el Gabinete del peneuvista Xabier Agirre, según ha podido saber EL CORREO, ha decidido aplazar 'sine die' la compra del complejo. ¿El motivo? La dura crisis económica que sufre el territorio, y que ha provocado un 'adelgazamiento' considerable de las arcas forales por la caída de la recaudación fiscal.
Las negociaciones comenzaron hace un año, con la marcha de las últimas cinco monjas dominicas que quedaban en el monasterio de San Juan Bautista por la imposibilidad de llevar a cabo su misión religiosa. Pese a su «energía», la edad pesaba y hacía mella. Y es que la más joven ya había superado la barrera de los 70. El 25 de enero de 2008 recibieron el plácet del mismísimo Papa, Benedicto XVI, y sólo tres meses después, la sociedad alavesa les dispensó un caluroso adiós en una sencilla misa presidida por el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. Con un sincero «gracias», las religiosas pusieron punto y final a 630 años de presencia en el enclave ayalés. Su destino, el convento que la orden tiene en Ategorrieta, Guipúzcoa.
Pero la realidad mandaba y la emotividad debía dar paso a la razón: ¿Qué hacer con Quejana? Aquella misma jornada, al final de la eucaristía, el diputado general se mostró convencido de que las conversaciones entre el Obispado y la Diputación llegarían a buen puerto. «El acuerdo será bueno para las monjas y para el patrimonio de la provincia», declaró a este periódico. Desde entonces y pese a las «buenas relaciones» existentes entre ambas partes, no se ha podido cerrar ningún compromiso.
El optimismo de los primeros meses se ha ido nublando según se han ido conociendo los resultados económicos. Sólo en 2008, la Hacienda foral ingresó 129 millones menos de los previstos, y 171 por debajo del ejercicio anterior. Ante este panorama, se hacía más necesario que nunca establecer prioridades de gasto. Y Quejana, por lo tanto, ha pasado a un segundo plano. Al menos de momento.
Declarado en 2002 Bien Cultural Calificado por el Gobierno vasco, el conjunto monumental está formado por el convento de San Juan Bautista, el segundo más antiguo de los existentes en Álava, la capilla y torre de la Virgen del Cabello, que acoge la tumba del Canciller Ayala y su mujer, la Iglesia de San Juan y el palacio de los Ayala, propiedad de la Diputación, y donde se ubica un museo visitado cada año por 17.000 personas.
Incertidumbre sobre el uso
¿Pero cuánto cuesta todo el recinto? «Es muy difícil de cuantificar ya que en gran medida depende del uso que el comprador pretenda darle», coinciden varios profesionales. Las tasaciones se rigen por dos parámetros: por el valor del suelo y por el de la construcción, es decir, cuánto costaría levantar ese edificio ahora. Pero la ubicación de Quejana, en medio del paraje natural del Valle de Ayala, da rienda suelta a la subjetividad y a cifras muy dispares.
Tal es así que la cantidad solicitada por los Dominicos llegaba a triplicar el valor recogido en la tasación encargada por la Diputación, que giraba en torno a los 3 millones de euros, según los medios consultados. Cifras tan dispares hacían poco menos que imposible llegar a un acuerdo a corto plazo. Pero las dificultades no han sido cosa de hace dos días ya que el Gabinete Agirre, a la vista de los acontecimientos, no reservó ninguna partida concreta en los presupuestos de este año.
Otro de los grandes obstáculos para cerrar la operación ha sido que no exisitía un proyecto concreto una vez finalizada la compra. Se baraja la posibilidad de hacer una hospedería o un hotel con encanto, además de acondicionar la zona para darle un plus cultural. Pero encontrar un inversor en una coyuntura económica tan delicada es tarea poco menos que imposible. Conclusión: toca esperar a que lleguen las vacas gordas.
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