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Política

POLÍTICA

Las bases asumen a pies juntillas el discurso de los burukides y piden una oposición «constructiva» pero «sin concesiones»
13.04.09 -

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La 'parroquia' del PNV acudió ayer fiel a la convocatoria de su partido en la Plaza Nueva de Bilbao para conmemorar el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca). Con una escenografía más austera que la empleada durante la campaña electoral -entonces muy vanguardista y dirigida especialmente a las televisiones-,, la cita se parecía a un Alderdi Eguna, pero en pequeño formato. Una decena de ikurriñas colocadas aleatoriamente por los vecinos en los balcones de la plaza recordaban que se trataba de una fecha señalada.
A pesar de tratarse de la primera vez que vivían un Aberri Eguna de facto en la oposición, la militancia se mostró, quizás menos efusiva que en otras ediciones, pero serena. Las bases del PNV consultadas por este periódico demostraron una comunión prácticamente total con el discurso que estos días están divulgando sus burukides. Begoña, Irene y Esther, que acababan de bajar del metro procedentes de Algorta, fueron más cautas que alguno de los líderes de su partido, al afirmar estar «a la expectativa» ante la llegada del nuevo Gobierno vasco encabezado por Patxi López. Admitieron, no obstante, no inspirarles demasiada «confianza» el futuro Ejecutivo.
Cambio de jersey
Estas veteranas militantes peneuvistas apostaron sin ambages por la continuidad de Ibarretxe como «jefe de la oposición» para que «vuelva a ser lehendakari» dentro de cuatro años. O menos, porque, según su opinión, la legislatura va a durar «lo que quiera el PP». A pesar de su experiencia, aseguraron no haber oído a nadie las «barbaridades» que «está diciendo Basagoiti», el presidente del PP vasco, en alusión a sus comentarios sobre la conveniencia de modificar el escudo de Euskadi.
Minutos antes del inicio de los discursos oficiales, medio centenar de jóvenes permanecía ya sentado en el escenario como parte del atrezzo. La media de edad en la grada era bastante superior. Tres de los chavales vaticinaban que la oposición que hará el PNV será «responsable cuando sea bueno para el país», a la vez que «contundente». Maite Iturrate, Iñaki Bilbao y Usoa Mediavilla advertían de que los mensajes que se lanzan en el Aberri Eguna hay que «contextualizarlos» porque están dirigidos al consumo interno.
Quizá por aquello de que los detalles son importantes, cuando el reportero gráfico les pidió posar para una fotografía pidieron unos segundos de tiempo. Maite y Usoa se dieron cuenta de que llevaban un jersey rojo y otro amarillo. Una de ellas decidió quitárselo para evitar susceptibilidades. Superado el trago, coincidieron en que les gustaría la celebración de un Día de la Patria Vasca unido, similar al que la izquierda radical, Aralar y una delegación de EA realizaron con una marcha entre Irún y Hendaya. Pero lo consideraron «inviable, mientras haya gente que no condene la violencia. Estamos de acuerdo con dialogar, pero con ellos a pocos acuerdos se puede llegar», añadieron.
Aitzol Gerenabarrena siguió el acto político desde un lateral, a escasos metros del escenario, junto a varios de sus compañeros de las juventudes del PNV. Desde allí surgieron los principales gritos de ánimo al aún jefe del Gobierno autonómico: 'Ari, ari, ari, Ibarretxe lehendakari' y 'Ibarretxe Aurrera', proclamaron en varios momentos de las intervenciones tanto del presidente en funciones, como del líder del partido, Iñigo Urkullu.
Con una madurez impropia de sus 25 años, este joven de Berriz hizo un repaso en profundidad de la situación política. A su juicio, la oposición del PNV debe ser «constructiva» en cuestiones como la economía y «sin concesiones» en temas identitarios o lingüísticos. El PSE, sostuvo, ha firmado su «suicidio político» porque «si acepta los postulados del PP, muchos de sus votantes se van a dar cuenta de que han mentido y no cumplen lo que prometen». La reforma del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a su entender, ha demostrado que los socialistas vascos «no pintan nada», mientras que «se ha visto la fuerza que tienen los catalanes». Tras el mitin, Aitzol tenía pensado irse a comer y «de juerga hasta que el cuerpo aguante». Toda una declaración de intenciones.
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