El buen cazador lo sabe: su mejor arma no es la puntería sino hacerse invisible. A Valverde nadie le vio hasta el final de la Klasika Primavera. Ni siquiera en la salida. Amorebieta era un lugar submarino. Cántaros de lluvia. Los ciclistas se guarecían en los autobuses. Y cuando salían, lo hacían tapados, ocultos bajo chubasqueros, gorros y perneras. Uniforme de camuflaje. Parecían todos iguales. Aunque todos hablaban del mismo: del 'bala', de 'balaverde', su apodo. No le veían, pero sabían que el cazador rondaba.
Y no le vieron hasta el último kilómetro. El momento del disparo. Metidos ya en ese tramo, los once supervivientes del triple paso por Montecalvo y Autzagane se giraron. Contaron. Susto. Efectivamente, en realidad eran doce: allí estaba también Valverde. Oculto. Egoi Martínez, líder ayer del Euskaltel-Euskadi, se puso a su espalda. Así entró en el giro final. Un volantazo a la izquierda y los 500 metros rectos hasta la pancarta. Con las ventanas llenas de voces a resguardo de la lluvia. Aroma a primavera ciclista.
Cuando creció el ruido del sprint, Egoi se sintió bien. Estaba en el sitio. «Valverde ha empezado a remontar». La 'bala' atravesó a Vicioso, Cunego y Nibali, tipos con puntería. Egoi no es un rematador, pero se sabía en el sitio. «Cuando Valverde se ha lanzado, me he abierto para rebasarle, lo que pasa es que...». Es que Valverde es casi irremontable. «Me ha pegado el aire y me ha devuelto a mi sitio». Es decir, justo detrás del ganador. De Valverde. Al murciano le bastó un pedazo de la última recta para ganar por tercera vez la clásica vizcaína. Igualó el récord de Eusebio Vélez y Etxabe con el método del cazador: cuatro horas bajo el ramaje, acuclillado... Y de repente, un zarpazo. Felino.
Aunque no se le vea, Valverde está. Pese a que apenas compite, gana. Incluso lejos de su mejor forma, sigue al acecho de piezas. Y eso que el Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI) le ha implicado en la 'Operación Puerto'. Jaula judicial. «Otro se habría derrumbado, pero a él parece que le afecta menos», cuentan en el Caisse d'Epargne, su equipo. Sobre la nuca del murciano pende la posibilidad de una sanción. Eso le cerraría el acceso al coto del Tour, el gran cazadero. El CONI le ha cercado, pero aun así no se esconde. Sólo se oculta hasta el disparo.
Fuga de Igor Antón
Amorebieta amaneció ayer con una nube en propiedad. Ocupaba todo el pueblo y a ratos lo regaba. A la nube le dio por asistir a toda la Klasika Primavera. Se puso encima, atenta. No se largó de allí hasta que Valverde bajó del podio. Ante el frío, el pelotón puso pedales: a 44 kilómetros en la primera hora. La velocidad fue una reja de hierro contra las escapadas. Tardó la fuga. Hasta que Igor Antón, Agnoli, Jufré, Ruiz de Erentzun, Vorganov y López Gil, entre otros, sumaron casi con agonía un minuto de ventaja. Antón premió al público vizcaíno. La afición se había calado para verle. Lo agradeció con sudor. Pero el Caisse d'Epargne no le dio más crédito a la aventura. Tenía dos cartas. Ases. Purito Rodríguez, afilado en la Vuelta al País Vasco, y Valverde, afinado siempre. «Alejandro puede ganar un sprint entre cinco o entre veinte». comentó su director, Neil Stephens. Le daba igual el grado de dureza de la Klasika.
De eso se encargó el Euskaltel. Apretó el trote por el segundo paso de Montecalvo. Antón lanzó allí a Txurruka y Landaluze. La Klasika Primavera cabe en un estuche, el que contiene las subidas a Montecalvo y Autzagane. Perlas ciclistas. El tercer tránsito por Montecalvo destapó a Purito Rodríguez y a Frank Schlek, y a Astarloza y Verdugo. También a dos gallegos, Mosquera y David Blanco, y a dos italianos, Nibali y Cunego, el ganador en 2008. Y al rápido Vicioso. Por un momento, todos se sintieron seguros. A salvo. Un vistazo rápido y un recuento. Sonrisa general. Faltaba el cazador. Pero qué va. Apareció desde el pinar que decora el descenso: arriesgó como ninguno. Hambre. Y nadie se pudo despegar de él en la subida final a Autzagane.
La nube se alejó en el descenso hacia la meta de Amorebieta. Como para tomar perspectiva. Algunos, como Nibali y Frank Schleck, quisieron salir del punto de mira del murciano. Inútil ya. Purito Rodríguez le sostenía el rifle. Valverde entró tarde a la última curva, con Egoi Martínez soldado. Cunego, Astarloza y Herrada salieron en estampida. Parecían fueran de tiro. Y no. Valverde compuso otra de sus remontadas. Esas treinta pedaladas únicas en el mundo. Sobre ellas salta siempre en busca de piezas. Como la que ayer se cobró en Amorebieta. Su tercera Primavera.