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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

La tragedia golpea a Italia

Las primeras inspecciones desatan sospechas de fallos graves en los edificios hundidos y asoma la pesadilla de los vicios crónicos en Italia
12.04.09 -

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En el funeral del Viernes Santo por los muertos en el terremoto del Abruzzo la tierra tembló doce veces. Había 5.000 personas, pero no cubrían la extensión, insoportable a la vista, de 205 ataúdes. La deuda de Italia con estos muertos, sus muertos, es también infinita. A partir de ahora les debe la memoria. La suerte fatal de los fallecidos -ayer ascendieron a 293- y de las 40.000 personas que se han quedado sin hogar está ligada a la desgracia, pero también a una abrumadora lista de errores, irresponsabilidades y deficiencias. Mirando al pasado, la Justicia ya investiga, hasta confiscando escombros, cómo se construyeron los edificios derrumbados. Mirando al futuro, los supervivientes exigen una reconstrucción diligente, sin demoras, sin dinero que desaparezca, sin olvido.
El edificio de seis pisos de Piazza Paoli, en L'Aquila, es un ejemplo flagrante de lo ocurrido. Es el terrible lugar que se describió en estas páginas el día de la catástrofe y del que se extrajeron varios cadáveres. Al final han sido 26, en una casa donde vivían 75 personas. Una primera inspección de un técnico municipal y un arquitecto del Gobierno regional, reportada por el diario 'La Repubblica', señala varios defectos graves. Uno, el mismo lugar de edificación, una pendiente inestable que en zona sísmica es desaconsejable o requiere extremar las precauciones, que no habrían sido tomadas. Por ejemplo, los pilares tienen una medida inferior a la necesaria. «O se han equivocado en los cálculos o han construido mal en un área insegura», ha explicado el arquitecto Antonio Perrotti.
Cimientos de arena marina
El presidente de la Asociación Nacional de Constructores (Ance), Paolo Buzzetti, ha sido muy claro: «Con la fuerza de presión del terremoto el cemento armado, si está hecho como se debe, tiene que aguantar, no hay más que hablar». La calidad del cemento armado, quizá precaria para rebajar costes, es una de las claves que investiga la Fiscalía de L'Aquila. De este modo ha vuelto a surgir la sospecha, un eterno rumor, del uso de arena marina, cuya sal corroe el hierro de los cimientos. «Los malos constructores juegan con la calidad del cemento para ganar un 50 ó 60%, en vez de un 30», ha apuntado Paolo Clemente, ingeniero de Protección Civil en el terremoto.
El patrimonio artístico ha sido otra víctima de la chapuza. La basílica de Collemaggio o la fortaleza española fueron restauradas con techos de cemento armado que, sin ninguna sujeción, se han desplomado aplastando todo a su paso. Es el plan urbano de L'Aquila, de 1979, el que está en entredicho. Muchos de los edificios modernos hundidos están en la escarpada ladera este fuera de las murallas y ahora la pregunta es cómo fue posible. Los edificios públicos deben cumplir un 40% más de garantías que los privados, pero se han caído todos. El símbolo de la negligencia es el hospital de L'Aquila: 28 años de obras, nueve veces más caro de lo previsto e inaugurado en 2000. Tuvo que ser evacuado.
Italia, naturalmente, ya debía estar preparada para esto. Cicerón habla de un terremoto en esta zona en sus catilinarias del 63 a.C. Sólo durante el pasado siglo se cuentan tragedias casi cada década, desde Messina (1908, 100.000 muertos) a Irpinia (1980, 2.700 muertos). La mitad de los italianos vive en áreas de riesgo natural y la mitad de las casas del país no cumple las normas antisísmicas, así como el 75% de los edificios públicos de esas zonas. La primera ley al respecto fue un empeño de Berlusconi tras la última tragedia, el terremoto de San Giuliano de Puglia, en 2002. Estaba lista al año siguiente y se aprobó en 2005, pero su aplicación se ha ido posponiendo por la presión de los 'lobbies' de la construcción. La última prórroga se firmó en febrero, hasta junio de 2010.
«Hartos de visitas»
Para los supervivientes los nubarrones no son menores. No se habla mucho de ello para no empañar la encomiable labor de miles de personas y porque no se pueden hacer milagros, pero cinco días después del terremoto los campamentos, a una hora de Roma por autopista, siguen siendo muy precarios. Una médico se lo echó en cara ayer al presidente del Senado, Renato Schifani, durante su visita: «Perdone si se lo digo, pero estamos hartos de visitas. Aquí se trabaja en condiciones desesperadas, sin calefacción, baños que no funcionan y pacientes que van desde bebés de 18 días a ancianos de 90 años. Hacen falta hechos concretos, ayuda material».
La presidenta de la provincia de L'Aquila ha denunciado, como era evidente, que la primera noche sólo llegaron 120 tiendas, frente a las 2.000 prometidas. El esfuerzo personal, no obstante, llega hasta el primer ministro, Silvio Berlusconi, que ha ofrecido algunas de sus casas a los damnificados.
Sobre la reconstrucción, el terremoto recuerda que Italia es el único país de Europa donde los seguros no cubren catástrofes naturales y todo el gasto recae sobre el Estado, que de 1994 a 2004 ha gastado en esto 2.000 millones anuales. El Gobierno acaba de decir que habría que plantearse la cuestión. Por otro lado, da pavor mirar los ejemplos precedentes de reconstrucción, pasto de especulación y corrupción, salvo el caso modélico de Friuli, en 1976. En Irpinia había 36 ayuntamientos afectados, hasta que llegó el dinero y se convirtieron en 687. Como las casas dañadas, que pasaron de 28.000 a 500.000. Aún no se ha terminado la reconstrucción. Los nuevos 'terremotati' de L'Aquila temen pasar años en un 'container' o una casa prefabricada. Ojalá se equivoquen. Ojalá sea distinto de lo habitual el reportaje de dentro de un año.
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