Suma y sigue de Imanol Agirre con el método más convincente, la dejada. Ayer, en el Beotibar tolosarra, el pelotari de Artea rompió los riñones de Kepa Peñagarikano con esta jugada, con la que rentabilizó nueve tantos y consiguió su segundo triunfo en el Manomanista (22-13). Ahora se enfrentará en octavos a Rubén Beloki.
Golpe táctico del vizcaíno en la villa foral guipuzcoana. Llegó desde casa con la lección bien aprendida, algo que en este tipo de luchas es esencial para salir indemne de las mismas. Aplicó unos recursos de puro manual, que se enseñan en las escuelas pelotísticas.
Ante un pegador con un gran caparazón desmesurado como es el caso de Peñagarikano, hay que moverlo y hacerle jugar en carrera. Es una ley de obligado cumplimento. El zaguero azpeitiarra es un torreón que mide 1,91 metros de altura y pesa más de 90 kilos. Sobre el papel y según el código de los técnicos, «tiene mayor extensión de pelota que el vizcaíno». Imanol ya lo sabía porque el pasado año se enfrentó a él en el Astelena y perdió (12-22).
Evitar el peloteo
Entrar en el intercambio de golpes era un auténtico suicidio. Por ello acortó el tanto todo lo que pudo. Y para lograrlo se agarró a una de sus jugadas preferidas: la dejada. Con este lance obtuvo una rentabilidad fuera de lo normal en el mano a mano. De los 13 tantos que hizo subir al marcador, nueve de ellos fueron catapultados por está jugada. Eso se llama saber leer la partitura.
El de Artea supo cumplir con varias condiciones que le distinguen en su enorme oficio manomanista. El sotamano, la susodicha dejada y su talante competitivo. Con estas armas ha noqueado a muchos rivales en su dilatado deambular dentro de está difícil modalidad. Tiene mucho mérito el delantero de Artea.
La contraposición tiene nombres y apellidos, Kepa Peñagarikano. El guión lo dejó olvidado en vestuarios. Compareció en el Beotibar con la creencia que a base de pegada iba a derretir a su oponente. Sin tener asumido que además de poner la pelota cuanto más lejos del frontis mejor, hay que cruzarla hacía la pared izquierda.
Como incumplió este precepto, terminó autocondenándose a la derrota y lo hizo convertido en una marioneta dirigida por los sutiles dedos de su contrario, que le hizo correr más que aún maratoniano. Su mejor versión la llevó a cabo en defensa. Recepcionó unas pelotas de aire, pegado a la pared, inverosímiles.
Imanol Agirre fue igual de enérgico que en otras eliminatorias anteriores. Nunca le faltó decisión para entrar al remate. Siempre miró al frontis y tampoco quiso bajar la persiana antes de tiempo. En su próximo reto dentro del Manomanista se va a medir, por vez primera desde que debutó, a un todo un clásico del mano a mano: el veterano campeón Rubén Beloki. Visto lo visto nada parece imposible para el vizcaíno.