Severiano Ballesteros aprendió a jugar al golf de noche. En la playa de Pedreña. A solas con la luna. A golpes contra esa diana blanca que alumbraba la bahía. Nunca llegó a darle al satélite; simplemente se convirtió en un genio del golf. Un gigante junto a la luna.
A Alberto Contador le gusta volar. Los pájaros. Cazarlos, observarlos, cuidarlos. La suya es una infancia de veranos en Barcarrota, el campo extremeño, y de noches con la voz de Félix Rodríguez de la Fuente. 'El hombre y la tierra'. Su programa de televisión preferido. El alimoche, el halcón peregrino, el alcaudón, el martín pescador... Contador nació para volar. Escalador de manual: 61 kilos, sin caderas, de piernas largas como alas. Y eso hubiera sido si no se empeña en otra cosa. En darle cuerda al reloj. En acertarle a la luna. Cuando nadie le quería, se presentó por su cuenta en un campeonato de España amateur contrarreloj. Rascó medalla. Le dio de lleno al bronce. Y sigue dándole. El primer triunfo profesional del mejor escalador del mundo fue en 2003, en la casi anónima 'crono' de la Vuelta a Polonia. Ayer recogió el último: la contrarreloj que le vistió de vencedor final de la ronda vasca, como en 2008. En Zalla dejó su huella. De gigante, y por delante de Toni Colom y Samuel Sánchez.
Una crono «maravillosa»
«Alberto ha hecho una etapa maravillosa», resumió su director, Johan Bruyneel. Como este año en la 'crono' de la Vuelta al Algarve y el prólogo de la París-Niza -aplastó a Wiggins, doble campeón olímpico de persecución-. Un pájaro sobrevuela el coto de los bisontes, de los ciclistas forrados de músculo. En Zalla estaba el tricampeón mundial de 'crono', Michael Rogers, y especialistas como Kreuziger, Larsson, Luis León Sánchez o Evans. Eran 24 kilómetros, con las ascensiones a Abellaneda y Beci. Bajo un cielo veloz, de sol y lluvia. Hace tres años, en el mismo recorrido, Contador había caído ante Gómez Marchante. «Por eso le tenía ganas a esta etapa», dijo ayer. Cuenta pendiente. Una luna sin cascar. Salió a por ella. Piedra en mano.
Y rebajó en 45 segundos la marca de Marchante en 2006. Y recortó la suya en 1.15. En el tiempo que ha pasado para lograr ese minuto de mejora, ha hecho suyo el Tour, el Giro y la Vuelta. Y con la de ayer, dos ediciones de la Vuelta al País Vasco. De Zalla a Zalla en tres años de crecimiento.
La salida era ayer una exposición tecnológica. Los jueces de la Unión Ciclista Internacional (UCI) medían cada bicicleta. Lupa. Todas al límite. Casi prohibidas. Los mecánicos cepillaban los tubulares, a usar sólo un día. Su vida iba a ser breve, de 24 kilómetros. Alguno los limpiaba con vinagre, para aumentar el agarre si caía otro aguacero. Un rato después y un poco más allá, en la cima de Abellaneda, Contador ya mandaba: 11 segundos sobre Colom, 24 sobre Samuel Sánchez y 31 sobre Evans. Esa renta, más los ocho segundos que guardaba en la general, anunciaban el triunfo.
Contador se ha acostumbrado a volar de rodillas. Recogido. Codos pegados. Espalda de tabla. Mirando el pulsómetro. Mirando hacia dentro. Al corazón. Sangre caliente. En la cuesta de Beci, se levantó. Con su estilo natural. Desplegado. Espuela. Era un puerto. Ahí su ritmo resultó eufórico. De pie. Latían todos sus músculos: 33 segundos a Colom y 45 a Samuel. Evans cedía ya más de un minuto. «No me gusta que se diga que gano con facilidad. Detrás de esto hay muchísimo trabajo», explicó el madrileño. Horas y días a solas con su incómoda posición sobre la bicicleta de 'crono'. Desde que es ciclista se ha empeñado en ajustarse a esa postura. Ya es la suya. Que no digan que no se puede tocar la luna.
Toca descansar
Evitó riesgos y en la meta aventajó en 22 segundos a Colom, el mallorquín que no se baja de un podio desde febrero. Y le quitó 45 segundos a Samuel Sánchez, por tercera vez en el cajón de la ronda vasca. El asturiano recibió pronto el golpe seco de la referencia con Contador. Corría en casa. Abrigado por su gente. Pero ni así. En su lucha contra el madrileño no la bastó ni con batir a Evans, Luis León, Cunego, Gesink, Rogers, Nibali y Kreuziger, los que llenaron el resto de las diez plazas de honor de la general. Al primer ciclista vasco hay que buscarlo en el puesto trece: el baracaldés David López. Algo insólito en la Vuelta al País Vasco. Síntoma de sequía. De cantera puesta en barbecho.
Desde hoy, al gigante volador le toca descansar. Eclipse parcial. La luna llena le espera en julio. Contador se acercará hasta Francia para darle mejor. En el mes del Tour.