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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

CULTURA

Hay actores capaces de casi todo por el personaje de su vida: engordar, quedarse en los huesos, doparse, aprender boxeo o piano, afeitarse la cabeza y las cejas...

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Dice el cineasta japonés Takeshi Kitano, metido en el personaje de su película 'Takeshis': «¿Quieres ser actor? Es un trabajo duro. Engorda, adelgaza, tíñete el pelo...»
'El Hombre de las Mil Caras' era el sobrenombre de la estrella estadounidense del cine mudo Lon Chaney (1883-1930). No dudaba en adaptar su apariencia según el papel al que se enfrentaba en cada película, y teniendo en cuenta que su fuerte eran las de terror... Para la Historia ha quedado su interpretación en 'El hombre sin piernas' (Wallace Worsley, 1920), donde para hacer de criminal sin extremidades inferiores se las ató hacia atrás hasta que los tobillos llegaban a la altura de sus muslos, y así se mantuvo durante horas y horas de rodaje. O como cuando se embutió en una estrechísima chaqueta para hacer en 'Garras humanas' (Tod Browning, 1927) de Alonzo, un delincuente que se corta los brazos por amor. Sin olvidar su maletín de maquillaje: con él podía convertirse en 'Fantasma de la ópera' o en monstruo mitad hombre mitad simio, papel que le exigió meterse una boquilla de cigarrillo en cada orificio nasal. Cualquier apariencia era posible gracias a su destreza y a su maletín repleto de piel de pescado, alambre, pelo, algodón, cinta adhesiva, masilla...
Quizás hubo otros antes, pero puede considerarse a Chaney como el padre de todos los que posteriormente han aceptado variar hasta el extremo su físico para el rol que iban a encarnar. De sobra conocidos son los 25 kilos que engordó Robert de Niro como el peso pesado Jack La Motta en 'Toro salvaje'. Pero el engorde y desengorde es sólo una de las variantes: hay artistas que acceden a afearse, envejecer o convertirse en auténticos monstruos, algo a lo que no todo el mundo, especialmente si se es atractivo, está dispuesto. No es fácil soportar eternas sesiones de maquillaje, pesados y asfixiantes disfraces, duros entrenamientos para muscularse, aprendizaje de artes marciales... Alguno, como Hugh Laurie, no dudó en probar las pastillas a las que es adicto el doctor House para hacer más creíble su personaje.
ROMPER LA BÁSCULA
A De Niro pronto le dejó corto Vincent D'Onofrio, con sus 32 kilos de más para el recluta Patoso en 'La chaqueta metálica'. Uno de los aumentos de volúmenes más recientes e increíbles ha sido el de Jared Leto, flacucho actor de estética emo que está desconocido como asesino de John Lennon en 'Chapter 27' (2007): 30 kilos de más a base de pizza para desayunar, comer y cenar, refrescos de cola y cervezas. También comió cada noche... ¡helado derretido en el microhondas mezclado con aceite de oliva! Así describía él la experiencia en una entrevista: «Hacia el final del rodaje, tenía un evidente dolor en los pies. No podía caminar largas distancias; tuve que usar silla de ruedas porque era muy doloroso. Mi cuerpo estaba en estado de shock por la cantidad de peso ganado». Tardó un año en recuperar su estado normal y por culpa de tales cambios en tan poco tiempo sufre de gota en su pie izquierdo. «No lo volveré a hacer», jura.
También probó la experiencia Eric Bana en 'Chopper' (2000); se fue a vivir un tiempo con una banda de moteros y se alimentó exclusivamente de pizza y donuts: el resultado fueron 15 kilos de más. En su día lo hizo Ralph Fiennes, 12 kilos suplementarios para hacer del nazi Amon Göth en 'La lista de Schindler'. Y George Clooney siguió para 'Siriana' una dieta de pasta con la que subió unos 17, sobrepeso que le fastidió la columna cuando rodaba una escena y tuvo que ser operado.
DESENGRASADOS
En el extremo contrario está Christian Bale, que del atlético asesino de 'American Psycho' -se musculó tres horas al día en un gimnasio durante meses- pasó a perder 30 kilos para 'El maquinista'; las imágenes de su cuerpo impresionan, y sólo la imposición de los productores impidió que alcanzara la meta que se había propuesto, bajar hasta 50 kilos; se quedó en 55 con su 1,90 de estatura a base de una manzana y una latita de atún al día. «Cuando interpreto un personaje no tengo límite para la capacidad de sacrificio», confesaba hace un tiempo a EL CORREO.
Tom Hanks ayunó hasta perder 22 kilos y alcanzar el cuerpo adecuado para hacer de 'Náufrago'. Otro caso extremo es el de Adrien Brody en 'El pianista', ejemplo de a lo que puede llegar un actor por un papel que, sabe, le cambiará la vida: «Logré bajar a 60 kilos (15 menos), y mido 1,85. Esencialmente, lo que hice fue casi no comer. Tenía un piano en mi cuarto, y un teclado en mi tráiler. Practiqué horas y horas cada día. Yo ya tocaba el piano, pero no era un pianista clásico, así que tuve que aprender de memoria mucho material para no tener que leerlo. Vi documentales y leí literatura acerca de esa época, sobre pianistas y su estilo de tocar. Además, me fui durante ocho meses, me deshice de mi apartamento y mi teléfono móvil, y vendí mi auto. Básicamente, dejé de lado todo y traté de aislarme: permanecí por mi cuenta todo el tiempo que el personaje estaba confinado o simplemente solo. Y creo que rindió frutos de una forma que las palabras no pueden describir. Fue increíblemente difícil, pero me ayudó a sentir una enorme comprensión de lo que estábamos haciendo».
LAS CHICAS
También están las chicas que se afeitaron la cabeza o que al menos cortaron su linda y valorada melena para hacer de tías duras; es el caso de Demi Moore en 'La teniente O'Neil' (1997) y de Sigourney Weaver en 'Alien 3' (1992). También el de Hilary Swank en 'Boys Don't Cry' (1999). Dicen que vivió un mes como si fuera un chico antes de comenzar el filme: se aplastó y pegó el pecho con cinta aislante; se puso calcetines en la bragueta y cortó su pelo. Esta actriz también tuvo que prepararse a conciencia aumentando su masa muscular para ganar el Oscar con 'Million Dollar Baby' (2004). Fueron 90 días para subir 10 kilos de músculo magro, para lo que debía consumir 4.000 calorías al día (el doble de lo que necesita una mujer); incluso dice que se despertaba en medio de la noche para tomar bebidas protéicas. Practicaba varias horas diarias con los guantes de boxeo y las pesas. Y qué decir de la mutación de Charlize Theron en 'Monster' (2003): no sólo engordó 15 kilos sino que accedió a afeitarse las cejas para un papel que también le valió el Oscar. Porque el entregarse tan a fondo suele tener recompensa en forma de estatuilla.
PAPELES QUE ASUSTAN
Es posible que algunos no conozcan al brasileño José Mojica Marins, aunque ha aterrorizado a varias generaciones de brasileños. Viste siempre de negro, con una larga capa, y sus uñas miden 20 centímetros de largo, curvándose amenazadoras como garras. Todo por culpa de Zé do Caixão. Cuando creó este personaje en la década de los 60, ningún actor quiso encarnar a un tipo terrible que ofrece banquetes de manos y pies humanos y lleva las manos que parece un aguilucho, así que se decidió a hacerlo él mismo. Lo curioso es que Mojica nunca quiso usar uñas postizas, se las dejó crecer y vivió con ellas.
Mojica cuenta una anécdota sucedida en un pueblo del Brasil donde hacía un espectáculo teatral: «Un espectador subió al escenario diciendo que esas uñas no eran naturales. Yo me acerque a él mostrándole que sí, que eran reales, pero el hijo de puta me arrancó una con la raíz y todo. ¡Y no pude pegarle porque en la otra mano también tenía uñas!». Esta característica de su personaje fue utilizada para crear al protagonista de 'Pesadilla en Elm Street', Freddy Krueger, un ser desagradable bajo el que respira un actor al que no muchos conocen con su aspecto al natural y su nombre auténtico, Robert Englund.
Otros intérpretes preferirían atiborrarse a perritos calientes antes que afrontar personajes con una excesiva carga religiosa, sexual, política... Papeles que superan a muchos y que suelen ser rechazados sistemáticamente hasta que llega alguien que acepta. Ocurrió con 'El exorcista'. Para interpretar a la madre de la niña endemoniada, Regan, se pensó en actrices como Jane Fonda y Geraldine Page, entre otras, y ambas rechazaron el papel. Hasta que Ellen Burstyn dijo sí con una condición: eliminar del guión la frase «Creo en el diablo».
Los actores debieron sufrir también las ocurrencias del director, William Friedkin, que se dedicó a asustarles para conseguir el ambiente necesario: disparaba tiros al aire, abofeteó a uno para que se metiera en el papel... La habitación de Regan llegaba a estar a 40 grados bajo cero para captar el vaho de su respiración; la pequeña Linda Blair, que sólo llevaba camisón, no podía parar de moverse si no quería congelarse. Las repercusiones de encarnar papeles como éste van a veces más allá del rodaje: Blair recibió incluso amenazas de muerte y necesitó guardaespaldas hasta seis meses después del estreno.
Pero no hay que engañarse, debajo del maquillaje y de los cambios radicales en la anatomía debe haber siempre un buen actor. El colmo lo representa Peter Mahey, que se escondía bajo la piel de Chewbacca, el fantástico y enorme wookiee de 'La Guerra de las Galaxias'. Mahey visitó zoos y estudió los movimientos de osos, monos y otros animales para este papel, por no hablar de lo que sufría al embutirse en un disfraz tan agobiante. Cuentan que, en una ocasión, se puso enfermo durante el rodaje y George Lucas se lo enfundó a otro actor para suplirle. Finalmente, decidió eliminar todo el metraje rodado con el sustituto «porque los gestos y el movimiento corporal eran los equivocados».
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