José Luis A. jamás olvidará la Semana Santa de 2009. Al menos, y no es poca cosa, está vivo para contarlo. Martes de pasión. Laguardia. Hacia las siete de la tarde, como todos los días, se disponía a abandonar la empresa en la que trabaja, Sonatex 2000, para regresar a su domicilio, donde le esperaba su mujer. Era el último. ¡En mala hora¡, pensará. Cuando se encontraba cerrando la nave, situada en el polígono de Casablanca, un grupo de cuatro ladrones le abordaron por sorpresa sin que pudiera reaccionar. Los asaltantes portaban armas blancas, lo que le empujó a seguir a pies juntillas sus indicaciones.
Según el relato facilitado por uno de sus compañeros a EL CORREO, los ladrones condujeron a José Luis A. al interior del pabellón, donde le amordazaron, maniataron con cinta aislante y bajo amenazas continuas, le retuvieron durante al menos nueve horas. De hecho, no lo liberaron hasta las 3 de la madrugada, momento en el que llamó a su jefe y acudió a las dependencias de la Ertzaintza en la localidad riojano alavesa para denunciar todo lo ocurrido.
Ubicada en ese polígono de Laguardia, Sonatex 2000 es una empresa del sector del foamizado textil, cuya especialidad es el laminado de tejidos dirigidos a los sectores de automoción, calzado e industrial. En la actualidad cuenta con 14 trabajadores, la mayoría procedentes de Logroño.
Llamadas de su mujer
Fuentes del Departamento vasco de Interior declinaron aportar información sobre el tema, como si los ladrones ya estuviesen detenidos o al menos localizados. Todo apunta a que estos cuatro individuos son españoles, aunque se desconoce su procededencia. Se sabe, eso sí, que además del dinero de la caja fuerte se llevaron el reloj, el móvil y las tarjetas de crédito de la víctima. No tardaron en utilizarlas porque aquella misma madrugada realizaron movimientos bancarios en cajeros de Logroño y Bilbao.
Durante el 'secuestro express', y siempre según el relato de los compañeros, el móvil de José Luis no dejó de sonar puesto que le estaba llamando su mujer. Sólo le dejaron hablar una vez con ella, pero los ladrones le obligaron a dar una excusa convincente. Unos malhechores que «no pararon de fumar porros y destrozar el mobiliario». Lo hicieron hasta que se aburrieron o consideraron realizada su 'misión'. Fueron 9 horas de angustia, las 9 horas más largas de la vida de José Luis.