Bárbara Dührkop (Hannover, Alemania, 1945), se despidió ayer de su actividad en la política activa tras 22 años en el Parlamento europeo. «No dejo mi compromiso para conocer una Euskadi libre y en paz, por la que soñaba Enrique Casas», asegura la viuda del senador socialista asesinado hace 25 años por los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Su mayor logro, reconoce, «es que mis hijos no se hayan educado en el odio».
-¿Por qué anuncia ahora su retirada?
-Es una retirada de la política activa, pero no dejo mi compromiso con el PSE y estaré a su disposición. Llevó militando desde 1978. No quiero cargos, ya soy una histórica, voy a cumplir 64 años. Es hora del relevo. No soy mujer de medias tintas y una legislatura más me pondría casi en 70 años. Quiero dedicarme a lo que me interesa, a mis hijos y nietos, a hacer un curso de doma clásica de caballos, a volver a la lingüística... Quiero perderme en parajes, vivir y viajar, porque hasta ahora sólo me he desplazado, casi, entre aeropuertos.
-Se vinculó al PSE al llegar a Euskadi junto a su marido. ¿Cómo fue?
-Le conocí siendo becaria en Erlagen (Alemania) y fue un amor clásico: la alemana rubia y de ojos azules conoce al joven español moreno y de origen andaluz. El amor es un argumento demasiado indiscutible para que lo dejemos escapar. Cuando vine sentí un choque de culturas. Han sido 30 años vinculados al País Vasco, una vida muy llena marcada por el asesinato de mi marido a los cinco años de haberme casado. Y al mismo tiempo ha sido una lucha mía por mi supervivencia mental, por la educación de mis hijos, para que no se educasen en el odio.
-¿Lo ha conseguido?
-Sí, mi mayor logro es que no se hayan educado en el odio y que sintieran al País Vasco como su casa. Estoy muy vinculada con Euskadi. Me siento profundamente arraigada aquí. He intentado dedicar mi vida a que sea un país libre, sin nacionalismos excluyentes ni fanatismos. Sé que mi aportación no es ni un granito de arena en La Concha, pero mi empeño es que esa lacra del terrorismo acabe.
-¿Nunca ha tenido la tentación de marcharse?
-Cuando asesinaron a Enrique tuve la tentación de volver a Alemania, pero la superé. Decidí quedarme. Éste es mi país, mi casa, y sólo me iré para marcharme al otro barrio.
-Es alemana y alguna vez ha señalado que forma parte de una generación muy marcada.
-Mi padre tuvo que sufrir el nazismo y estuvo en las dos guerras. Yo soy de 1945, de la generación de alemanes nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. En Alemania hubo otra generación, la llamada generación perdida, que no quiso hablar y no llegó a hacer nunca nada en la vida porque el nazismo les pilló en sus mejores años. En Euskadi, también ha habido muchos que han mirado para otro lado, salvando las distancias. La mejor forma de avanzar es afrontar nuestra Historia y reconocerla. Aquí, como en Alemania, ha habido mucho miedo. Por eso tiene que haber una regeneración moral.
-¿Veremos la luz al final del túnel algún día?
-¡Vaya pregunta me hace! Yo quiero ver el final. Esto sólo lo solucionamos los vascos y lo solucionará ETA cuando tome la decisión. Me irrita mucho que se diga que hay que derrotar a ETA.
-¿Por qué?
-Porque ya están derrotados. Llevan 40 años matando y no están un ápice más cerca de su objetivo.
-¿Qué le han parecido los intentos fallidos de buscar una solución dialogada?
-Me han parecido correctos. Ya sé que hay muchos que me atacan por eso. Creo que es una obligación intentar que no haya más víctimas, sea del signo que sea, sin que eso signifique el quebranto del Estado de Derecho.
-Pero a la vez le han molestado mucho determinados discursos sobre las víctimas.
-Jamás he tenido como profesión ser víctima del terrorismo. Todas las víctimas nos merecemos el respeto, pero eso no significa que sea un plus ser víctima y que tengamos razón en todo. Además, en su momento denuncié que el PP usara este tema de forma demagógica. En su día critiqué la hipocresía que suponía que el PP, que gobernaba cuando excarcelaron al asesino de mi marido, pusiera el grito en el cielo contra la política antiterrorista del PSOE.
-¿Qué siente ante el escenario previsible de un lehendakari socialista?
-Era el sueño de Enrique. Por fin se abre una posibilidad para un País Vasco plural. Me llena de una profunda tristeza la reacción poco democrática del PNV. Estamos ante una oportunidad para la normalización de la política en Euskadi. No va a ser fácil. El discurso de Patxi plantea el entendimiento y yo le voy a ayudar en lo que pueda. Por eso, mi anuncio más que un adiós es un hasta luego.
-¿Qué le pediría al próximo lehendakari?
-Que se preocupe de los problemas de la gente. Los políticos somos de carne y hueso.
-¿Le molesta el pacto con el PP?
-No, porque es la única posibilidad. Quizá hubiera sido distinto un acuerdo de gobierno. Lo que le hubiera dolido a nuestros militantes es un acuerdo con el PNV. Eso ya lo probamos y este PNV no ha demostrado que es pactista. Hay otro PNV que tiene que resurgir.
-¿Cuál?
-El de Josu Jon Imaz.