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Las familias de las personas que están en el geriátrico Ariznabarra denuncian su «abandono»
09.04.09 -

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«Lograrán que los residentes, con su muerte, solucionen el conflicto»
La residente Isabel Cotrina, ayer en las Juntas. / BLANCA CASTILLO
Los familiares de los residentes del geriátrico foral Ariznabarra acudieron ayer a las Juntas Generales para hablar alto y claro. Los políticos se vieron obligados a escuchar afirmaciones de tal calado y gravedad que no tuvieron más alternativa que asentir a pies juntillas. «Los residentes son las únicas víctimas de un servicio vergonzoso que va camino de 14 meses de huelga», recalcaron los portavoces de la plataforma de familiares. «Puede sonar muy fuerte, pero al final van a conseguir que sean los propios residentes, con su muerte, quienes solucionen el conflicto», declaró con vehemencia Karmele Balaga.
Movidos por la impotencia, el colectivo volvió a exigir a la diputada de Política Social y Servicios Sociales, Covadonga Solaguren, que ponga soluciones encima de la mesa ya que «la que nos mandó a esta residencia fue la Diputación, la misma que nos pasa las facturas». Otro de los portavoces, Ignacio Ortiz de Guzmán, apuntó como posible solución al «rescate» o al «secuestro» del contrato que el Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS) tiene firmado con Mapfre-Quavitae para que preste el servicio hasta 2046. «Llevan ocho años de gestión y de éstos, dos se los han pasado de huelga en huelga», lamentó Ortiz de Guzmán.
También criticaron con dureza la moción aprobada el pasado octubre en las Juntas por el PNV y el PSE en la que dieron un año de plazo para evaluar la evolución del conflicto y adoptar una u otra medida. «La gente está desanimada e indefensa. Esta decisión es inmoral porque mientras esperamos, mucha gente se está quedando en el camino», denunciaron.
La gente está «sucia»
Respecto al servicio que se presta, Karmele Balaga fue tajante y aseguró que los mayores están «sucios». «Me parece muy bien que quieran hacer una limpieza integral del edificio, pero antes habrá que preocuparse de los mayores», apostilló.
Elocuente fue el testimonio de Isabel Cotrina, mujer que lleva ocho años residiendo en el geriátrico. «Desde el primer momento, el servicio de comida y lavandería ha sido malísimo. Ahora, con los paros, todo ha ido a peor. Por ejemplo, sólo hay tres chicas para acostar a 35 personas. Es un desastre», recalcó.
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