Nació en Sabadell en 1963, pero Mari Pau Domínguez se siente muy madrileña. El último libro de la periodista y escritora, con el que ha ganado el primer Premio Caja Granada de Novela Histórica, vuelve así a hacerse eco de las leyendas, las anécdotas, las calles y la historia de la Villa. Y vuelve a tomar como personaje principal a Felipe II, como ya hizo en 'El diamante de la reina'. «Fue el rey más literario de todos porque fue también el más poderoso de la Historia de la Humanidad, de entonces y de siempre», explica la autora, que ayer respondía a las preguntas en Bilbao mientras su hija Berenice reclamaba atención.
La escritora se dedica de lleno a recordar la figura de Felipe II, sobre el que pesa una «leyenda negra» que ha hecho que las «muchas luces de su reinado» queden en la sombra. De él se recuerda, sobre todo, su obsesión por la moral y los rezos («dictaba o cometía los actos más execrables con un crucifijo en la mano»), su rectitud teórica frente a «cómo se dejaba llevar por sus bajas pasiones». Era la personificación del conflicto entre el deber y el querer: «Era el rey de la duda».
Sobre la pasión, el pecado y el miedo al infierno de quien tuvo cuatro esposas e innumerables amantes trata 'La casa de los siete pecados' (Grijalbo). El título deriva de la Casa de las Siete Chimeneas, el único ejemplar de arquitectura civil del reinado. Dice la leyenda que allí vivió una de sus amantes, luego casada con un capitán muerto en Flandes. «Cuando se cansaba de sus amantes o le estorbaban, las casaba, y muy bien», explica Domínguez. La leyenda dice también que el cuerpo que dos siglos después fue encontrado junto a los muros del edificio que hoy es parte del Ministerio de Cultura es el de aquella mujer que «estorbaba» al rey.
Con datos ciertos y pocas posibilidades de conocer toda la verdad, porque Felipe II «quemó muchos de sus documentos», Domínguez tiene terreno de sobra para imaginar lo que pudo ser. «La literatura siempre es una exageración de la realidad». Así que Felipe, su última esposa -su prima y sobrina Anna de Austria- y la amante problemática se humanizan en este triángulo que, tras la muerte de la otra, siguió perturbando la paz de los reyes.
Para que no se le vaya la mano es importante «el respeto por la época», que es lo que marca la senda, y «el aval» de la realidad. Como el hecho de que Felipe II comprara un buen montón de cuadros de El Bosco, el pintor de los pecados y el infierno. El primero fue, casualidad o no, 'La mesa de los siete pecados capitales'. ¿Estaba diciendo algo a los que vendrían después?