Con la inclusión de Manuel Chaves como vicepresidente del nuevo Gobierno, Zapatero echa mano de una de las personalidades más emblemáticas del Partido Socialista, con una larga trayectoria política en España, que le ha permitido sumar el puesto de diputado nacional por Cádiz de 1977 a 1990 y ganar las elecciones andaluzas en seis ocasiones consecutivas, algunas de ellas por mayoría absoluta. Es, en la actualidad, el último superviviente en cargos de elevada responsabilidad del equipo de Felipe González, a cuya experiencia y liderazgo se ve obligado a recurrir Zapatero para intentar resolver uno de los grandes problemas de esta legislatura, la financiación autonómica. Un escollo que, salvado, puede abrirle la puerta a acuerdos que le permitan estabilidad y tranquilidad en el Parlamento, donde el Gobierno socialista sufre estos días la soledad de quien carece de mayoría absoluta.
La trayectoria de Chaves en la política española y andaluza le convierte en un auténtico talismán para su partido, porque allí donde ha metido su hábil mano de político discreto ha conseguido importantes réditos. Su papel puede ser fundamental para el futuro del Ejecutivo cuando ha llegado el momento de «asentar la aritmética suficiente parlamentaria», como pedía ayer otro líder socialista emblemático, Cándido Méndez, tras su reelección como secretario general de UGT, en una entrevista publicada por EL CORREO.
No es muy conocido el hecho de que el ahora presidente de Andalucía inició prácticamente su carrera política en Vizcaya, adonde fue 'destinado' por su partido para colaborar en la reorganización del PSOE en los últimos años de la dictadura. Realizó esta tarea de clandestinidad cuando era profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Autónoma de Bilbao, antecedente de la actual Universidad del País Vasco, y desde ahí saltaría a la política nacional al ser elegido diputado por Cádiz en las primeras elecciones democráticas.
Chaves fue ministro de Trabajo con Felipe González entre 1986 y 1990, desde donde pasó a la presidencia de Andalucía tras ganar los comicios autonómicos de ese año por mayoría absoluta. Supo poner orden en el enfrentamiento que padecía el PSOE en ese territorio, que él dirige desde entonces. De su capacidad política da idea otro hecho: sobrevivió como ministro de Trabajo a la huelga general más importante que ha vivido España desde la Transición, la del 14 de diciembre de 1988. Y ello, pese a que una de las principales causas de la convocatoria fue un proyecto salido de su departamento, el Plan de Empleo Juvenil, que Felipe González hubo de guardar en un cajón. Chaves acumulaba ya por entonces una gran experiencia sindical, al haber pertenecido durante diez años -de 1976 a 1986- a la comisión ejecutiva confederal del sindicato. La huelga de 1988 supuso la ruptura entre UGT y PSOE, hoy recompuesta, y purgas en ambos bandos, pero mantuvo su prestigio.
Orden y esperanza
En los momentos de crisis del PSOE, siempre ha estado Manuel Chaves cerca para, con la autoridad y respeto que inspira entre sus bases y cuadros, poner orden y esperanza. Un ejemplo fue el resultado de las elecciones andaluzas de 2000, en que renovó la mayoría en el Parlamento regional con 52 diputados el mismo día en que el PSOE obtenía los peores resultados de su historia en las generales al verse Joaquín Almunia barrido por José María Aznar.
En esa crisis fue también el encargado de pilotar el partido, como presidente de la comisión gestora, hasta el congreso de julio de ese año, donde José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general, y el propio Chaves, presidente, cargo que aún ostenta.
Su último reto fueron las autonómicas del pasado año, del 9 de marzo -el mismo día que las generales-, cuando volvió a lograr mayoría absoluta en Andalucía. En la actualidad lleva 19 años al frente de esa comunidad y con su designación como vicepresidente Zapatero coloca en la arena política nacional la joya de la corona socialista, el hombre que ha tenido la carrera política más larga y que veía cómo su ciclo en Andalucía estaba a punto de concluir. Tal vez es su última esperanza ante el panorama de crisis económica y falta de mayoría parlamentaria.