
Un hombre busca entre los escombros de de su casa tras el terremoto./ Efe
El Rey reitera sus condolencias
El Rey ha hablado por teléfono con el presidente de Italia, Giorgio Napolitano, para expresarle personalmente sus condolencias por el terremoto que ha sacudido al centro del país, como ya lo hizo esta mañana en un telegrama.
Don Juan Carlos, en nombre de la Reina, del resto de la Familia Real, del Gobierno y del pueblo español, ha expresado al mandatario italiano su consternación, solidaridad y apoyo ante el desastre ocurrido en Italia. Además, el Rey ha pedido a Napolitano que transmita su pésame a los familiares de los fallecidos y le ha comunicado su deseo del pronto restablecimiento de los heridos.
Por su parte, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, también se ha puesto en contacto telefónico con su homólogo italiano, Gianfranco Fini, para interesarse por la situación de los damnificados por el terremoto, expresarle su solidaridad con las víctimas y ofrecerle la ayuda de España.
Un grupo de 25 turistas y estudiantes del programa universitario Erasmus que se encontraban con amigos de vacaciones en la región han sido evacuados a Roma para regresar a casa
Los españoles se ayudaron entre sí para poder salir ilesos de esta catástrofe
Los veinticinco españoles que se encontraban en la zona afectada por el
terremoto que esta madrugada ha sacudido la región de Los Abruzos (
centro de Italia), se ayudaron entre sí para poder salir ilesos de esta catástrofe, según han explicado los propios evacuados.
Los estudiantes españoles han sido trasladados al aeropuerto romano de Fiumicino, desde donde todos pretendían dirigirse a
España, aunque algunos han tenido que pernoctar en la capital italiana a la espera de conseguir un billete de avión para volver. Los que sí han podido coger un avión han regresado a primeras horas de la madrugada a Madrid, Sevilla y otras ciudades españolas.
Uno de los supervivientes españoles, Manuel Benítez, tuvo que saltar desde la ventana de su casa, en un segundo piso, para escapar del edificio, que corría peligro de derrumbarse. Según ha explicado, su casa se encontraba en el centro histórico de la capital de Los Abruzos, L'Aquila, la zona más afectada de la ciudad, y tras despertarse a causa del sismo, comprobó que la puerta blindada estaba doblada de tal manera que no era posible salir. Él y sus compañeros de piso intentaron "romper uno de los muros de la casa con un martillo", sin resultado, y tuvieron que permanecer dentro del edificio durante casi dos horas y aguantar "doce o trece réplicas".
Otro de los estudiantes españoles residentes en la ciudad, con el que Benítez se puso en contacto por teléfono, fue quien les proporcionó una cuerda que ataron a una mesa de gran peso que se encontraba en el interior de la casa y por medio de la cual descendieron hasta la calle. A pesar de las dificultades de comunicación que existían en los momentos sucesivos al terremoto, los veinticinco españoles se encontraron y ayudaron por medio del teléfono móvil para reunirse en la plaza donde esperaron a la llegada del autobús fletado por el Consulado español en Nápoles (sur de Italia ).
"Los propios habitantes transportaban a los heridos"
Benítez cuenta que una de las cosas que más le conmocionó fue el escenario de caos que encontró cuando pisó la calle: "la iglesia entera en el suelo, un metro de escombros delante de tu puerta y gente en el suelo sangrando, porque los coches de bomberos y las ambulancias no podían llegar al centro". Ha añadido que eran los propios habitantes de la ciudad quienes transportaban a los heridos hasta la zona exterior de las murallas para ser atendidos, y él y otros españoles trasladaron a "dos hombres", uno de los cuales tenía "una herida en la cabeza" y lesiones "en las dos piernas".
Como una "experiencia traumática" la ha definido Fernando Javier Palomo, otro de los estudiantes a quienes el terremoto sorprendió en la ciudad, y que aseguró a Efe que los repetidos temblores les tenían "sobre aviso desde enero", pero que nadie creía que se fuera a registrar un seísmo "de esta magnitud". Palomo salió de casa "sin ninguna cosa en mano" y, dado que el suyo era uno de los edificios "menos afectados", consiguió regresar para recoger alguno de sus enseres personales, aunque después entendió que "no debían volver a sus casas" a causa de las réplicas.