Corea del Norte volvió ayer a desafiar al mundo al disparar un cohete que atravesó el espacio aéreo de Japón. El régimen pilotado por Kim Jong-Il aseguró que el propósito del lanzamiento era poner en órbita un satélite de telecomunicaciones, pero EE UU, Corea del Sur y Japón creen que se trató del ensayo de un misil de largo alcance capaz de llegar hasta Hawai o Alaska.
Cuatro horas después del disparo, la agencia estatal de noticias norcoreana (Kcna) informó de que un satélite experimental había alcanzado el espacio en nueve minutos y ya estaba operativo alrededor de la Tierra. «El satélite Kwangmyongsong está transmitiendo inmortales melodías revolucionarias en honor de los generales Kim Il-Sung y Kim Jong-Il y datos de medición», aseguró refiriéndose al fundador de la patria y su hijo, actual caudillo del pobre país asiático.
Dentro de la ya habitual guerra de propaganda, el Ministerio de Defensa surcoreano y el Comando para la Defensa Aeroespacial de Norteamérica señalaron que la prueba había fracasado porque la primera fase del cohete se había desprendido en aguas del mar de Japón, mientras que las otras dos y la carga habían caído al Pacífico.
Con independencia del éxito del lanzamiento, el ensayo revela el desarrollo de la tecnología norcoreana, ya que el cohete disparado puede servir tanto para poner en órbita un satélite como para transportar una cabeza nuclear.
El cohete fue disparado a las 4.30 hora española en dirección al mar de Japón, por lo que entró en el espacio aéreo nipón a los siete minutos. En las aguas que separan al archipiélago de la península coreana, la primera fase se desprendió al oeste de la costa de Akita, donde Tokio había desplegado baterías de misiles defensivos Patriot para interceptar cualquier objeto volador que amenazara su integridad. «Incluso aunque haya puesto en órbita un satélite, lo vemos como la prueba de un misil balístico», denunció el portavoz del gabinete nipón, Takeo Kawamura. El Ejército de Corea del Sur también se encuentra en estado de alerta. «No podemos ocultar nuestra decepción», se quejó Seúl.
Desde Praga, el presidente estadounidense, Barack Obama, calificó la acción norcoreana de «provocación», al tiempo que instó a Pyongyang, en un mensaje conjunto con la UE, «a cumplir sus compromisos de abandonar todo programa de armamento nuclear, respetar las normas de las relaciones internacionales y colaborar para promover la paz y la estabilidad».
Reunión de la ONU
«Esta acción exige una respuesta de la comunidad internacional, incluido el Consejo de Seguridad de la ONU para demostrar que no se puede desafiar a sus resoluciones con impunidad», dijo Obama. El máximo órgano de Naciones Unidas tenía previsto reunirse anoche para abordar el tema.
Desde 1993, Corea del Norte intenta desarrollar un programa nuclear que disuada a EE UU de cambiar su régimen. En las conversaciones a seis bandas de Pekín, Pyongyang acordó en febrero de 2007 renunciar a su programa atómico a cambio de petróleo, ayuda humanitaria y reconocimiento diplomático. El verano pasado, el régimen comunista empezó a desmantelar su reactor nuclear de Yongbyon, pero el acuerdo está estancado por las dificultades de la Casa Blanca para verificar el programa atómico norcoreano.