El calendario esconde mil cruces en la segunda semana de abril. Con la París-Roubaix se terminarán el domingo las clásicas del pavés y empezarán las otras, la de asfalto (Lieja, Flecha, Amstel). A los triunfadores en febrero y marzo les reclama ya el descanso. Como a Contador y León Sánchez. A los que se han alistado en el Giro, como Sastre y Cunego, ya les toca presentarse en la proa del pelotón. Igual que los que, como Evans, tienen el punto de mira más alejado, clavado en el Tour. O en la Vuelta, como Samuel Sánchez. El caso es que abril todos se cruzan en la Vuelta al País Vasco: los que van hacia abajo y los que suben. Basta escucharles.
«Me estoy entrenando bien, pero ya noto la fatiga de tanto esfuerzo. Ya no recupero igual, así que no sé cómo llegaré a la contrarreloj de Zalla. Es una incógnita», asegura Contador. Y él es la referencia. Se ha fijado dos días como examen final de su primavera: «La etapa de Arrate y la contrarreloj. Entre esas dos etapas se decidirá todo». Dos acelerones más y a descansar antes del Tour. Allí, al campeón de la ronda gala en 2007 le esperará el vencedor en 2008, Sastre, y el que ha sido segundo en ambas ediciones, Evans.
Sastre es un corredor paciente. Viene de un invierno copado de homenajes. Pero lo ha pasado en su Ávila. Al abrigo de la muralla. Sin descentrarse por ser el vigente dueño del Tour. Aún está lejos de su mejor nivel, pero ya se arrima. «Antes y durante la Vuelta a California estuve diez días parado». Enfermo. Tranquilo. Descansó y se curó. Esa receta le dio su experiencia. Tenía tiempo para preparar el Giro, su primer objetivo del año. En mayo. «Lo correré por tercera vez y será la primera que iré en condiciones. Antes he ayudado a otros; ahora trabajaré para mí». La Vuelta al País Vasco está en ese camino ascendente hacia Italia.
Otro que crece es Evans, un buen especialista en la lucha contrarreloj. Dice que aún tiene margen de mejora. Su edad, 32 años, no apoya esa confianza. Pero él se fija en otro dato: «Sólo he corrido cuatro veces el Tour y en dos ocasiones he sido segundo». Le duele, sobre todo, su último segundo puesto. El lugar al que le condenó Sastre en Alpe d'Huez. «Pagué la caída sufrida en los Pirineos. Sin ese accidente, creo que habría podido llegar a París con el maillot amarillo». La Vuelta al País Vasco es su penúltimo test antes de regresar al Tour. Sólo el Dauphiné Libéré está en el medio.
Colom, Cunego, Nibali
Allí volverá a ver a Contador. El madrileño está habituado a batirle. Lo hizo también el año pasado en la Vuelta al País Vasco. «Cuando acabe esta carrera me tomaré unas vacaciones. Apagaré el móvil y luego empezaré a pensar sólo en el Tour», avisa Contador. La ronda vasca es su despedida hasta julio. El público disfrutará de ella: «Hay una participación buenísima. Además, la mayoría está fuerte porque se están preparando para las clásicas o el Giro».
Contador disecciona la lista de candidatos: «Destacaría a Samuel Sánchez, Toni Colom y Luis León Sánchez, que me ganó en la París-Niza». No se olvida de los hermanos Schleck, puntuales con las clásicas belgas, ni de Evans, una de sus víctimas preferidas. Ni de Cunego o Nibali.
Y hay más. Jóvenes. El holandés Gesink, el checo Kreuziger. Contrarrelojistas como Vandevelde, Cobo o Zabriskie. Y, como regalo, la reaparición de Freire. El genio de cristal. Frágil. Único. El mejor adorno para una parrilla llena de rostros del Tour.