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Sociedad

05.04.09 -
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Del paritorio a la OPE
dio a luz en la madrugada del viernes. / P. URRESTI
Lo que hizo ayer Sonia Santamaría tiene muchísimo mérito. Apenas un día después de dar a luz a su hijo Jon en el hospital de Txagorritxu, la enfermera vitoriana estaba en un autobús camino del Bilbao Exhibition Center de Barakaldo para hacer el examen de la oferta pública de empleo. «No me queda otra. Si quiero estar bien situada en las listas tengo que presentarme a las oposiciones», explicaba antes de subirse al autocar arropada por sus compañeras.
Con un aspecto impecable -cualquiera diría que había tenía un bebé a las cuatro de la madrugada del viernes-, Sonia afrontó la jornada con una tranquilidad asombrosa. «He dejado al crío en prematuros y he pedido el alta voluntaria para poder hacer el examen. En cuanto termine, me vuelven a ingresar», comentaba con naturalidad. Sentada en una silla de ruedas, la enfermera completó el ejercicio en el pabellón número dos y no le fue nada mal. Sacó 99 puntos de los 100 posibles. «Estoy contenta», aseguraba a la salida.
De lo que se quejaba es del trato recibido por los responsables de Osakidetza al negarse a poner a su disposición una ambulancia para acercarse a Barakaldo. Ni la supervisora de enfermería ni la dirección del hospital vitoriano consiguieron que los responsables sanitarios cediesen. «Me contestaron que unas oposiciones son voluntarias y por lo tanto no tienen que hacerse cargo de nada», lamenta Sonia.
En silla de ruedas
Finalmente, el sindicato de enfermería (SATSE) le consiguió una silla de ruedas para que pudiese desplazarse por el recinto ferial sin agobios. Sus compañeras hicieron el resto. Unas le fueron a buscar al hospital en coche para llevarle hasta el autobús y otras le ayudaron a moverse por las instalaciones. «De lo malo malo, el bebé se ha adelantado cuatro días y me ha permitido hacer las oposiciones porque ya me veía dando a luz en mitad del pabellón», bromeaba.
Minutos antes del inicio del examen, el BEC se convirtió en una improvisada guardería donde decenas de aspirantes apuraban hasta el último momento para dar de mamar a sus bebés y que aguantasen hasta el final del examen. De hecho, algunas tuvieron que acceder a la zona de las pruebas con el crío. La organización habilitó unas salas para que las mamás pudiesen dar de comer a los pequeños durante el examen. Y mientras ellas hacían la prueba, un nutrido grupo de padres paseaba los carritos por los desérticos pasillos del recinto ferial.
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