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ANÁLISIS

05.04.09 -

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E l 60º aniversario de la OTAN estaba llamado a ser una ocasión feliz. El invitado especial, Barack Obama, es el presidente de Estados Unidos más popular desde Kennedy y Francia ha decidido volver a integrarse plenamente en la cúpula militar de la Alianza. Cuando De Gaulle informó a Washington de que iba a retirar las fuerzas francesas del Estado Mayor de la OTAN, exigió que todas las tropas de EE UU se retiraran de inmediato del territorio galo. «¿Incluso los muertos?», fue la gélida pregunta del entonces secretario de Estado, Dean Acherton, en referencia a los miles de soldados estadounidenses enterrados en el país. Pero, a pesar de las divisiones, la OTAN constituyó un elemento clave en la alianza occidental que derrotó al imperio soviético, hasta el punto de que quizás el aniversario más importante no sea el de su fundación en 1949, sino la caída del muro de Berlín 40 años después.
En aquel momento, la organización pudo decir «misión cumplida». Desde entonces, ha estado buscando un nuevo papel. ¿Para qué sirve la OTAN en el siglo XXI? Hoy tenemos una parte de la respuesta. Las reticencias en Europa a prestar más recursos al conflicto en Afganistán, el reto más importante de la Alianza en la actualidad, suscitaban mucha frustración y tensión entre sus miembros. Pero la declaración de que se enviarán 5.000 soldados más al país es tan bienvenida como tranquilizadora. En principio sólo se trata de una medida temporal, pero indica un nuevo espíritu de compromiso que, en gran medida, tiene que ver con el 'efecto Obama'.
Queda por ver si el presidente estadounidense es capaz de negociar otro acuerdo y solucionar el segundo gran desafío de la OTAN, su tirante relación con Rusia. La Alianza quiere incluir a más países de Europa del Este, como Ucrania o Georgia, y Moscú ha dejado ya muy claro su disgusto. Pero una estrecha colaboración con Rusia es clave si se pretende vencer a los talibanes, frenar las ambiciones de Irán o lograr un acuerdo sobre el tratado de no proliferación nuclear. Washington ha asegurado que quiere «volver a empezar» las relaciones con Moscú. La buena noticia ahora es que existe una nueva flexibilidad en la OTAN, lo que, combinado con los resultados positivos de la cumbre del G-20, constituye una prueba más de los relevantes cambios que se están produciendo en la geopolítica internacional. De momento, parece que cualquier cosa es posible.
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