Durante los últimos cuatro meses, los aparatos del gimnasio de su casa en Lisboa fueron su asidero para mantener una ilusión que se iba apagando con los días. Honda había anunciado su liquidación como equipo de Fórmula 1 y sus ex jefes trabajaban para conseguir un nuevo formato de escudería. Casi con la campana, llegó la llamada telefónica de salvamento y Rubens Barrichello (Sao Paulo, 36 años, nueve victorias y 62 podios) pudo comenzar una temporada más en este deporte, la decimoséptima. Cuando se creía camino del asilo deportivo, conduce ahora el coche que es la envidia de todos, el Brawn que asombró en Australia y que es favorito para ganar hoy en Malasia (11 horas, La Sexta).
-¿Cómo vivió esa tensa espera?
-Lleno de angustia. Hubiera pagado dinero por seguir en la F-1. Estaba en mi casa esperando que sonase el teléfono con buenas noticias. Sabía que se estaba haciendo un buen coche y que había un gran trabajo en aerodinámica.
-Se le daba por acabado como piloto de Fórmula 1.
-Me di cuenta de que fui considerado una carta fuera de la baraja.
-¿Siente que se ha dudado de su capacidad para ser rápido?
-Hay mucha gente en muchos ámbitos que no sabe lo que soy capaz de acelerar o la cantidad de velocidad que tengo. La diferencia es que Ross Brawn (con el que trabajó un lustro en Ferrari) sí lo sabe.
-¿Ha tenido que renunciar a dinero por seguir aquí?
-Sí, mi salario bajó. Para todos los que como yo han tenido que renegociar un contrato y que se han tenido que adaptar a muchas otras situaciones, con certeza la crisis mundial sí ha afectado.
-Y eso que tiene nueve victorias en su palmarés...
-Mis nueve victorias con Ferrari fueron excepcionales, porque además de luchar contra todos los otros competidores, yo tenía que superar las dificultades dentro de la escudería (se entiende, aunque no lo dice, que por las preferencias que había con Schumacher).
-Hasta que se cansó de que el favorito de Ferrari siempre fuese Schumacher...
-La gota que colmó el vaso y marcó mi salida de Ferrari ocurrió en Estados Unidos de 2005 (cuando el equipo le pidió por radio que se dejara superar por Schumacher). Entonces supe que había llegado el momento de marcharme.
-Pues el hombre que estaba al mando entonces es su jefe actual, Ross Brawn.
-Por toda la experiencia de Ross Brawn conmigo y con Michael en Ferrari, esta vez es diferente. Puede acometer una actuación diferente, que gane siempre el mejor. Me gustó mucho que ganase Button en Australia porque conozco su talento y potencial. Mantengo con él una relación mucho más honesta de lo que la gente puede suponer. Ahora el escenario es diferente, pero mantenemos el respeto. Y sabemos que cuando se apaga la luz roja, cada uno lucha por sí mismo.
Un coche robusto
-¿Tanto se nota el famoso difusor, como dicen?
-Cuando el McLaren me golpeó en la parte trasera, quedó dañado el difusor, aquel del que todo el mundo dice que es el motivo de que seamos los mejores. Corrí casi todo el gran premio con el difusor dañado, y quedé segundo, lo que demuestra que el coche es robusto.
-Pero el difusor parece la llave que abre la puerta.
-La atención se ha centrado en una sola cuestión y ésa no es la clave. La clave del éxito es el conjunto de todo: el trabajo de los mecánicos, las ideas de los ingenieros, la aerodinámica, el motor que es potente y, por qué no, los pilotos también son muy buenos.
-La FIA podría decretar el 14 de abril que el difusor es ilegal.
-El coche no está fuera de la legalidad. La FIA ha acreditado la legalidad y son los otros coches los que deben mejorar. Nuestro monoplaza es una apuesta por la tecnología y el futuro.
-Con el patrocinio de Virgin, vuelve a teñirse de rojo, como en su época de Ferrari.
-Ja, ja, ja. Podría ser otra vez rojo, pero no lo sé y no debo contestar. El nuevo patrocinador es muy necesario para invertir dinero en desarrollar el coche.
-¿Se ve ganando carreras e incluso luchando por el título?
-Mis mejores días aún están por venir. Aún me siento un adolescente. Así es como me gusta sentirme, con la motivación de un adolescente y con la experiencia de veterano que tengo hoy. Sabíamos que Brawn era un buen gestor de equipo, pero no esperábamos tanto.