Las calles y jardines de Vitoria están poblados por más de 70 esculturas firmadas por artistas de mayor y menor renombre, que parecen pasar inadvertidas. Nada menos que cuatro de cada diez se encuentran en mal estado. Pero ni el Ayuntamiento tiene un plan especial de mantenimiento para ellas, ni la ciudad le ha apretado para que lo desarrolle. Algunas de las piezas dañadas sufren los efectos del paso del tiempo, aunque el mal que aqueja a la mayoría se llama grafiti. Trazos de spray, garabatos e insultos manchan sin contemplaciones el trabajo de reconocidos escultores como Néstor Basterretxea o Agustín Ibarrola. Así lo ha comprobado EL CORREO, que ha revisado 70 de las obras expuestas al aire libre. Casi una treintena están 'tocadas' y más de media docena han desaparecido o cambiado de sitio.
Tan sólo ocho años después de que el PSE denunciase desde la oposición el estado de «descuido» que presentaban las esculturas, la historia se repite. El informe de los socialistas, que defendían la idea ya desechada de crear un museo al aire libre, obligó al PP en el gobierno a reaccionar y a tomarse en serio el cuidado de este patrimonio. Expertos ayudaron a catalogar las piezas y propusieron la eliminación o traslado de algunas, no sin polémica. Diez autores aceptaron retirar sus creaciones y otros doce reubicarlas. En 2003 se limpiaron todas las obras.
Pero de nuevo las pintadas campan a su antojo, sobre todo en los parques de los barrios de la periferia, como San Martín, Aranbizkarra o Lakua. En el primero sólo quedan en pie tres de las cuatro esculturas que se colocaron en 1988. El resto están repletas de pintadas y óxido. En Obispo Ballester resisten cinco de las piezas que recuerdan el Taller Abierto que se organizó en 1983. Todas lucen garabatos e incluso improperios -un «Mikel te odio»- menos una, el monolito sin título de Jorge Girbau.
Este autor explica que su obra no se ha salvado ni con mucho de los gamberros. «Es un pieza nueva, la anterior la tuvimos que quitar hace dos años por el deterioro que sufría, era irrecuperable», se lamenta. Girbau coronó en su día la plaza Juan de Ayala con dos monolitos que también lucen grafitis y desconches. Pero al artista le preocupa más el estado de deterioro general en el que se encuentra la plaza y del que ha avisado al Ayuntamiento. «Me dijeron que no había dinero», explica, molesto con «el gran desinterés» que aprecia en las instituciones alavesas por la cultura. Acostumbrado a exponer en otros países, Girbau asegura que fuera el respeto por el arte es mayor.
«Hay que mantenerlas»
Imanol Marrodán, cuya obra 'La inocencia. Lo inesperado' de la plaza de Euskaltzaindia está limpia pero no funciona, también aprecia cierta falta de compromiso por parte de las administraciones con el patrimonio que adquieren. «No son conscientes de que no basta con comprar y colocar, que eso tiene un mantenimiento mínimo», denuncia.
Del deterioro no se libran ni siquiera las esculturas ubicada en el corazón de la ciudad. 'La mirada' de Ibarrola se ha convertido en lugar de 'quedada' para los jóvenes y está sucia de garabatos y orines. Basterretxea, por su parte, tampoco acaba de ver impoluta su pieza 'La libertad se abre redonda' del cantón de la Soledad. Y ejemplos parecidos se encuentran en el campus, en Zaramaga, en Beato Tomás de Zumárraga, en Medizorroza, en Conde Peñaflorida o en Lakua. La palma se la llevan quizá los 'Menhires' de Elena Asins, en Valentín de Foronda, cubiertos de grafitis.
Y todo apunta a que las esculturas de Vitoria seguirán 'adornadas' un buen tiempo porque el Ayuntamiento no contempla un plan de mantenimiento integral. Al margen de la intervención especial en Los Fueros y la limpieza del 'Homenaje a Galíndez' de Oteiza, en las puertas de Lakua, el departamento municipal de Cultura sólo reserva 8.000 euros a restaurar las esculturas de la plaza de Santa Bárbara y del parque de Judimendi. Eso sí, continuará con la renovación de las placas que informan sobre las piezas, como ya hizo en 2008.