Con 28 meses de retraso respecto a las previsiones vaticinadas en 2003 por los cargos políticos de Álava y Guipúzcoa, la ansiada autopista de peaje que unirá Vitoria y Eibar en apenas 25 minutos se inaugura mañana. De forma parcial, eso sí. Será el penúltimo corte de cinta porque la apertura completa del trazado, según los cálculos más optimistas, no llegará hasta dentro de dos o tres meses. Sin embargo, esta circunstancia no tiene por qué empañar la relevancia del acto de mañana, cuando entrarán en servicio los 24,6 kilómetros que separan Echávarri Viña de Eskoriatza (peaje de San Bernabé), lo que en la práctica será el mismo recorrido que cada día realizarán los alaveses que trabajan en Mondragón.
Durante los próximos meses, la AP-1 será una autopista sólo transitable por sus extremos: 24,6 kilómetros desde la zona alavesa, y 15,2 desde Eibar. Estos últimos, abiertos desde mediados de 2005. Las dificultades se ubican una vez pasado el túnel de Arlabán, en el único tramo que queda por abrir y que separa Eskoriatza de Mondragón (6,4 kilómetros). Frenados y superados los continuos desprendimientos en el túnel de Apotzaga, la Diputación de Guipúzcoa cree ahora que puede acabar antes de junio.
La inauguración de mañana también conllevará otra paradójica situación. El tramo de autopista de la zona alavesa estará libre de peaje hasta que se produzca la apertura completa, mientras que para circular por desde Eibar hasta Mondragón habrá que seguir pagando los 2 euros que ahora se abonan.
La medida adoptada por el Ejecutivo foral alavés está en consonancia con el criterio ya adoptado el pasado 3 de junio, cuando se abrió de forma parcial el tramo comprendido entre Echávarri Viña y Luko. El Gabinete del peneuvista Xabier Agirre considera que si no se puede prestar un servicio como en teoría habría que ofrecerlo, el perjuicio no puede trasladarse al usuario, que lo único que ha hecho estos últimos meses ha sido esperar. Hay que recordar que el último plazo oficial de apertura anunciado hablaba de enero de 2008.
Peaje blando
Los interrogantes llegarán a partir del verano, cuando se inaugure de forma completa la AP-1 y los alaveses tengan que pagar el consiguiente peaje. Se desconoce cuáles serán las tarifas definitivas, pero en virtud del acuerdo alcanzado en 2003 entre ambas diputaciones, recorrer los 46,2 kilómetros de la autopista costarán unos 4,5 euros. Las instituciones implantarán un peaje blando, es decir, que al ser una infraestructura pública los precios serán más bajos que lo que marcan las tarifas de mercado. Y es que la competitividad es esencial para lograr sacar vehículos de una congestiona N-1. Se habla de que puede absorber 21.000 cada día.
Los alaveses se verán además beneficiados por una segunda medida basada en implantar bonificaciones en función del número de viajes realizados. Es lo que hasta ahora se conoce en el territorio como peaje social, que se creó en la AP-68 para la zona de Ayala.
Pero, según ha podido saber EL CORREO, estos descuentos no entrarán en vigor en Álava cuando se abra por completo la autopista. Sí lo harán en Guipúzcoa, donde la Diputación mantendrá el sistema aprobado hace ya varios años y que prevé bonificaciones de hasta el 75% para los guipuzcoanos que realicen más de 20 tránsitos al mes y efectúen sus pagos con el sistema de telepeaje.
El Departamento foral alavés de Obras Públicas y Transportes se encuentra inmerso en la elaboración de estudio que permita implantar un sistema único de descuentos en las autopistas de peaje que cosen el territorio, ya sea en la AP-68 para la zona de Ayala y Rioja Alavesa, como en la Vitoria-Eibar (AP-1). ¿Para cuándo? De nuevo, toca esperar.