La entrevista se realiza a pocas horas de la despedida de Izaskun Bilbao como presidenta del Parlamento vasco. La Cámara es un hervidero porque Mariano Rajoy se reúne con el grupo del PP vasco en vísperas de la histórica llegada de una de sus parlamentarias al cargo que deja la política de Bermeo. «Las cosas como son, Izaskun ha sido una muy buena presidenta», comenta un veterano representante popular de forma espontánea. «Eso me hace irme tranquila y contenta», dice ella.
-¿Le entristece dejar la Presidencia del Parlamento?
-No es cuestión de tristeza. He trabajado con honradez, dejando lo mejor de mí, y me voy tranquila.
-Como candidata de la fuerza más votada, ¿siente personalmente que le están usurpando el puesto?
-Se está rompiendo un acuerdo no escrito en esta Cámara desde su constitución. Siempre se ha respetado que la Presidencia la ostentara el partido ganador, existe el precedente de Jesús Eguiguren. Los pactos no escritos en Euskadi siempre han tenido un valor superior. Eso es precisamente lo que da valor a nuestra forma de ser, y esto rompe de alguna manera la política de los valores, que es la que deberíamos recuperar. Es una ruptura con la manera de ser de las vascas y vascos, con sus valores y me parece grave.
-¿Augura entonces poca capacidad para alcanzar acuerdos amplios al Gobierno de Patxi López?
-Ninguna de las empresas pioneras de Euskadi ni del mundo utilizarían la metodología que estamos viendo estos días a la hora de plantear un acuerdo. Se habla de transversalidad para referirse a la aprobación de propuestas y leyes que puedan favorecer a todos los ciudadanos. Pues bien, este Parlamento se ha caracterizado en estos cuatro años por alumbrar amplios acuerdos en materias importantes: los Presupuestos, la Ley del Suelo, los complementos de pensiones... Ha sido la legislatura en la que mayor número de leyes se han aprobado.
-El PNV anuncia ahora una oposición muy dura, en cambio. ¿No se puede hacer ese trabajo constructivo aunque no sea desde el Gobierno?
-El PNV se irá con tranquilidad a la oposición, y haremos una oposición con responsabilidad pero también con rigor. Si yo hubiera hecho lo que el PSE, que dijo que no pactaría con el PP, que eso eran anuncios del PNV para meter miedo a la gente, tendría la sensación de que he engañado. No se puede decir una cosa en campaña para dormir a las personas, para que no vean lo que ya rechazaron en 2001. No hablo de las consecuencias que ha tenido para mi partido, sigo hablando de valores. A la gente hay que tratarle con respeto, contarle la verdad y dejarle libertad para que elija. No se puede engañar. Eso es lo que más me preocupa porque contribuye al desprestigio de la política.
-¿Lo ha comprobado?
-Desde las elecciones, muchísimas personas se me han acercado con esa preocupación. Gente que no ha apoyado al PNV pero que me ha dicho que había votado creyendo que cuando se hablaba de acuerdo transversal podía ver otra oportunidad, algo que siempre ha pretendido como sociedad, que quería un pacto entre nacionalistas y no nacionalistas como una forma nueva de aglutinar y poner en común todo aquello que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Pero hacía falta una gestión correcta de eso.
-¿Parte de la culpa de que ese acuerdo no sea posible no la tiene el PNV?
-¿Es culpa de alguien? Hay que hacer autocrítica, y nosotros la hemos hecho, y profunda, pero la responsabilidad es de quien hace las cosas. En este momento, del PSE y del PP, de quienes, por cierto, me preocupa que en su pacto no den la importancia que se merece a la crisis económica, que debería ser su prioridad.
-¿No debería darle un margen de confianza al nuevo Ejecutivo para que demuestre con hechos que lo de gobernar para todos es una realidad?
-Eso también es una realidad del Gobierno todavía en funciones. ¿Es que este Gobierno no ha gestionado para todos los ciudadanos? ¿Hace distinción de ciudadanía en las leyes e iniciativas que se han aprobado?. Cuando se habla de gobernar para todos con un pacto en el que el resto no ha tenido posibilidad de intervenir se hace muy complicado entender ese mensaje. ¿Por qué el PP y el PSE dicen que van a gobernar para todos?
-Igual para defenderse de las acusaciones de frentismo que les ha lanzado el PNV antes incluso de que exista el Ejecutivo como tal.
-Lo del frentismo hay que analizarlo en los términos de que habiendo perdido las elecciones dan por supuesto en el minuto uno que las han ganado. Los datos objetivos están ahí: el PNV tiene 30 escaños, subiendo 8 y con 80.000 votos de diferencia sobre el partido siguiente. Cualquier empresa haría un análisis de mercado para ver cuál es la demanda mayoritaria.
-Pero esto es política.
-Es legítimo. Pero si los asuntos de mi Presidencia los hubiera tratado por la suma de votos seguramente la legislatura no hubiera transcurrido como lo ha hecho. Si además de la suma queremos conseguir algo más de valor, el procedimiento no es ése: hay que gestionar los afectos y los miedos. Hay que aplicar a la política los valores femeninos y hacerla más moderna. Si yo hubiera llegado y me hubiera planteado hacer lo contrario de lo que no me gustaba no habría hecho bien mi papel. Debemos trabajar para seguir dando una imagen diferente de la política en Euskadi porque, si no, la ciudadanía no nos lo va a a perdonar.
-Usted ha logrado algo difícil en la política vasca: concitar una valoración unánimemente positiva de todos los grupos. ¿Es eso de lo que se siente más orgullosa?
-Eso sí me hace al menos irme tranquila, habiendo conseguido un objetivo y siendo leal con las primeras palabras que pronuncié siendo presidenta, que Euskadi se merece una política a la altura de lo que los ciudadanos esperan. No me gustaba esa sensación de crispación, la gente no se lo merece. Eso es lo que me preocupa y me da miedo a partir de ahora, ojalá me equivoque.
-¿Ve a los parlamentarios mejor avenidos que cuando llegó?
-Cada etapa es diferente. Pero desde el minuto uno he hablado de humanizar la política, crear complicidades, dedicarle tiempo a la gestión de los afectos, estar cerca de la ciudadanía, sosegar el ámbito político, trabajar con transparencia, hacer posible la participación, y para eso hay que comenzar por profundizar las relaciones y acercar los sentimientos. Quizá ésa es una asignatura pendiente de la política. Hemos conseguido que el Parlamento vasco sea más conocido por lo que hace en positivo y eso es un gran valor.
-¿Le emociona que de su labor se recuerde sobre todo la cercanía de la Cámara con las víctimas?
-Ayer (por el miércoles) me emocionó encontrarme en el homenaje de las Juntas Generales de Guipúzcoa con algunos representantes de asociaciones de víctimas del Estado y ver cómo se despedían de mí. Hemos avanzado como institución en algo que estaba pendiente, que es el acercamiento al dolor de las víctimas, la deslegitimación absoluta y total de la violencia y la idea de que todas las víctimas son personas, procedan de dónde procedan.
-¿Las víctimas sienten ahora más cerca al nacionalismo vasco?
-Creo que esto ha contribuido a que conozcan cómo piensa el nacionalismo vasco en torno al rechazo de ETA y todos los esfuerzos realizados para acortar esa lejanía. Para mi sorpresa he descubierto que no ha sido el nacionalismo vasco el único que les ha aportado frío. Me han comentado que su frío proviene de todos los ámbitos, incluso de los más cercanos a su vida. Espero que con el trabajo que hemos hecho se pueda visualizar, sin comparar y sin obviar que la gente no nacionalista ha sido la más acosada, que también hay nacionalistas acosados. Una víctima es una víctima piense como piense, proceda de donde proceda y tenga el vestuario que tenga.
-Fue pionera al abrir las puertas de la Cámara al Ejército y la Guardia Civil. ¿Se ha sentido incomprendida?
-Sabía que eso podía ser un reto, un impacto, pero no me he sentido incomprendida en ningún momento. Mi partido, igual que otros, me ha respaldo absolutamente. No hay que olvidar que fue bajo la presidencia de Iñigo Urkullu en la ponencia de víctimas cuando se aprobó un proyecto concreto de actuaciones que a mí me ha tocado ejecutar.
-¿Para ser una buena presidenta hay que saber también no arrugarse ante el partido propio?
-Para ser presidenta, no sé si buena o no, hay que tener las cosas claras y tomar decisiones que unas veces no gustan a unos y otras a otros. Eso representa la pluralidad de este país.