Hay llegadas al poder ruidosas, y luego la que está protagonizando Avigdor Lieberman. El nuevo ministro de Exteriores israelí eclipsaba ayer otra vez al recién estrenado Gobierno de Benyamin Netanyahu al conocerse que, en su segunda jornada al frente de la cancillería pasó siete horas y media siendo interrogado por la Policía como sospechoso de corrupción.
La noticia del interrogatorio se difundía mientras se multiplicaban las reacciones en contra de su penúltima 'bomba' diplomática: unas declaraciones realizadas al diario 'Haaretz' de Tel Aviv, en las que el jueves descartaba cualquier retirada israelí de los altos del Golán ocupados a Siria en 1967, y que se sumaban a su rechazo expresado un día antes al vigente proceso de paz con los palestinos. Nadie da más en 48 horas.
La investigación criminal por presuntos delitos de soborno, fraude, abuso de confianza, lavado de dinero y falsificación de documentos públicos a los que se enfrenta Avigdor Lieberman se remonta al período comprendido entre 1999 y 2006, años en los que se sospecha que el hoy ministro recibió «sumas muy importantes del extranjero» para financiar sus campañas electorales como líder del ultranacionalista Yisrael Beitenu.
Una organización israelí, el llamado Movimiento por la Calidad del Gobierno, tomó la iniciativa de reclamar ante los tribunales la depuración de responsabilidades, petición que sería ampliada recientemente cuando el colectivo exigió la cancelación del acuerdo de Gobierno que ha llevado a Lieberman al Ejecutivo. En el marco de esta causa se celebraba ayer el interrogatorio, cuya fecha había sido acordada de antemano, y en el que el ministro -que siempre ha negado las alegaciones tachándolas de una «conspiración» persecutoria- «respondió a todas las preguntas» con colaboración, según fuentes cercanas.
De ser Lieberman procesado, rumores salidos de las altas esferas del Likud aseguran que Benyamin Netanyahu habría resuelto ya poner la cartera de Exteriores en manos de su compañero de filas Silvan Shalom, lo que ha desatado en el partido Yisrael Beitenu la amenaza de abandonar la coalición. Su salida supondría la práctica defunción del Ejecutivo.
Advertencia de Al-Asad
En una coincidencia que hace temer por una escalada de hostilidades, al menos retóricas, las declaraciones de Lieberman sobre la no retirada del Golán se cruzaban ayer con otras del presidente sirio, Bachar al-Asad, que en el rotativo qatarí 'A-Sharq' advertía el jueves que Damasco recuperará los altos «por la paz o la guerra». «Este enemigo no quiere la paz, ¿cuál es la alternativa? -se preguntaba-. La ruta paralela de la resistencia».
Por otro lado, un menor israelí de 13 años murió ayer a hachazos y otro de 7 resultó herido de gravedad en un ataque perpetrado por un palestino que trabajaba en el asentamiento de Beit Ayin, dentro del distrito cisjordano de Belén.