A veces, el honor de ciertos personajes se mide en las sienes. Con todo el taquillaje vendido, el Teatro Principal acogerá a partir de las 20.30 horas de hoy la obra 'Los cuernos de Don Friolera', de Ramón María del Valle Inclán, que interpreta Teté Delgado.
La actriz recuerda que el proyecto «fue un reto doble. Era la primera vez que el Teatro Español me ofrecía una protagonista y, además, se trataba de Valle». La artista ya había mostrado una amplia variedad de registros, desde la comedia al melodrama, pero «se trataba de un esperpento, un código que desconocía, porque no lo había hecho nunca».
Para Delgado, la clave reside en «la exageración de formas, pero sin perder la verdad», de manera que el público pueda dejarse llevar por la risa, mientras recibe las agudas punzadas del peculiar enfoque costumbrista de Valle Inclán. «Escribía muy bien, con mala leche, pero como si lo hiciera para cine», según la descripción de la intérprete gallega.
La razón es la multiplicidad de localizaciones de la acción que ha obligado al director, Ángel Facio, a reorganizar la pieza en siete escenografías. Así, con 16 actores sobre las tablas, «no echas de menos nada», subraya la artista.
Por ejemplo, el comienzo de la obra con el diálogo entre Don Estrafalario y Don Manolito, los 'alter ego' de Valle y Baroja, que exponen los principios del esperpento. O la modificación del monólogo inicial de Don Friolera (Rafael Núñez) «que era enorme, demasiado largo, y mostraba diversos estados de ánimo al principio, pero da más relieve y riqueza que vayan cambiando según suceden las cosas y se va calentando».
Y lo que pasa es que el personaje de Delgado -Doña Loreta, esposa del guardia civil Don Friolera- es «muy vital, le encantan el amor y el coqueteo. Aunque quiere a su marido, se casaron hace tiempo... y ella coquetea con el barbero (Pachequín, que interpreta Nancho Novo) a la vista de todo el mundo».
El problema es que Doña Tadea (Isabel Ayúcar) «se dedica a malmeter y a mentir». Y, claro, «entonces estaba casi premiado que uno se cargara a la mujer: hasta recibía palmaditas en la espalda», tal y como se refleja en la conversación de tres tenientes de la Benemérita, un cuerpo al que Valle Inclán «pone bastante mal en la época».
«Cosas muy 'heavies'»
Delgado confiesa que, de hecho, como mujer «me molestaban algunas cosas muy 'heavies' que se decían. Pero con más ensayos se percibía ya el humor, cómo se ridiculiza y se pone en evidencia: te mueres de la risa».
Lo que no resulta gracioso es un desenlace trágico, que tiene que ver con «un asunto tan sangrante como que hay gente que se cree que el amor es un contrato de propiedad. Y si tú me dejas o me pones cuernos, como eres mía, pues yo te mato».
La pieza de Valle Inclán «no ha envejecido, porque las mismas cosas suceden ahora, aunque las formas sean distintas. Son eternas: los celos, el sentimiento de posesión sobre el ser amado, el honor mal entendido o los rumores de pueblo».