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Sociedad

EL CANDELABRO

02.04.09 -

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U n poco de autocrítica, chicas. O, si no autocrítica, al menos sinceridad... Reconozcamos todas (y yo la primera) que a las mujeres, no digo a la totalidad, pero sí a la inmensa mayoría, nos importa (y mucho) estar guapas. Y que a las mujeres, no digo a la totalidad, pero sí a la inmensa mayoría, nos encanta (y mucho) estar más guapas que la de enfrente. Esto va también por el selecto club de las 'first ladies' del G-20 (lo que vendría a ser el 'Punto G-20', en argot políticamente incorrecto). Las crónicas que llegan desde Londres, esa batalla por la elegancia que la prensa de todo tipo, no sólo los tabloides, ha puesto en marcha demuestra lo que en el fondo ya sabíamos, pero no nos atrevíamos a formular: que más de veinte siglos de evolución no han logrado eliminar el cliché de 'señora de...'.
Bien es cierto que muchas de las integrantes de ese club son mujeres tan sobradamente preparadas (o más) que sus propios maridos, como lo demuestra el hecho de que dos ex 'first ladies', Hillary Clinton y Cristina Fernández, ostenten actualmente cargos de secretaria de Estado y presidenta de su país, respectivamente. Pero, precisamente por eso, no deja de sorprender que la agenda de la cumbre de estas señoras siga oscilando entre la caridad y la frivolidad, un cóctel formado por una pizca de asuntos sociales y dos partes de 'shopping'. El programa incluye compras, un té en Buckingham... Y, claro, 'primeros damos' como el marido de Merkel y el ex presidente argentino Kirchner han declinado la invitación. Supongo que o les programan golf y fútbol o ellos no van. Y luego está la inevitable connotación ornamental: la más guapa, la más elegante... (Esta vez, la ausencia de Bruni deja abierta la lucha por el primer puesto). Total, que por anticuado y machista que resulte, parece que aún hoy la primera obligación de toda primera dama en una cumbre es... ¡estar cumbre!
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