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POLÍTICA

Los socialistas han hecho de la necesidad virtud y han aceptado, pese a sus reticencias iniciales,firmar en público con el PP un documento que les garantiza cuatro años de estabilidad

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Mano sobre mano, Rodolfo Ares, Jesús Eguiguren, Iñaki Oyarzábal y Leopoldo Barreda sellaron ayer ante una montonera de cámaras el acuerdo firmado por el PSE y el PP con vocación de otorgar a Patxi López estabilidad durante los próximos cuatro años. En la imagen, una mezcla de rostros serios y medias sonrisas. Lo más probable es que fuese el azar, pero esos semblantes eran un reflejo perfecto de un estado de ánimo. Del que existía al comienzo de las negociaciones. De cómo se valoró la posibilidad de poner por escrito los compromisos alcanzados e inmortalizar el momento en una fotografía. De la insistencia y satisfacción del PP y de las reticencias y malos gestos iniciales de un PSE que ha hecho de la necesidad virtud y ha terminado por asumir con cierto agrado un documento público no deseado.
Observados los resultados del 1 de marzo, la formación liderada por Patxi López hizo un primer análisis en el que dio por asegurada la investidura del candidato del PSE. Se consideraba que el PP estaba en la obligación de dar sus votos para desbancar a Juan José Ibarretxe porque no podía pasar a la historia como el grupo que había impedido desalojar al PNV de Ajuria Enea por primera vez en la historia. Los dirigentes socialistas venían a decir que el respaldo popular saldría «gratis», sin contrapartidas.
Pero la opinión de los populares no iba en esa línea. Sus principales dirigentes subrayaban que el «cambio» sólo era útil si servía para revisar algunas políticas diseñadas por los nacionalistas, y que estas modificaciones tenían que estar por escrito y firmadas por ambas partes. En su actitud había un cierto grado de desconfianza hacia los dirigentes del PSE, el temor a que una vez lograda la investidura, los socialistas hiciesen una ciaboga y navegasen hacia el PNV. «El PSE no parece muy dispuesto a dar un poquito más que la noche de sexo de la boda, y ya sé que eso no es amor, pero en el fondo hace falta comprometerse un poco», afirmó de manera explícita Antonio Basagoiti. Siguiendo con la comparación, el PP quería que ese 'matrimonio' no fuese vergonzante, que hubiese foto de la ceremonia.
Y estas dos premisas chirriaban en las filas socialistas, recelosas de que el roce con los populares borrase de un plumazo su discurso sobre lo inconveniente de crear frentes y la necesidad de apostar por la transversalidad. A lo que había que añadir el temor a que no fuese entendido por parte de sus votantes y afiliados.
Al fin y al cabo, el propio Patxi López recordó con insistencia en enero que el PP fue quien arrancó el proceso para sentarle en un banquillo por hablar con Arnaldo Otegi y los populares acusaron al candidato del PSE, entre otras lindezas, de echarles de la capilla ardiente de Isaías Carrasco, a lo que hay que sumar el ambiente de guerra abierta existente en el Congreso de los Diputados. Pero la política hace extraños compañeros de cama y en Euskadi junta en el mismo lecho a adversarios acérrimos.
Vista la insistencia del PP, los socialistas se vieron obligados a cambiar de estrategia. Habría documento y fotografía. Lo que parecía el primer contratiempo de una legislatura plagada de minas, ha terminado por convertirse en un salvoconducto que permitirá a Patxi López transitar por camino sosegados los próximos cuatro años. Por lo menos, en teoría.
«Es su momento»
Los dirigentes socialistas consideran que la existencia de ese documento es un mal menor vistas las contrapartidas. La principal, que el PP se compromete a no presentar una moción de censura en los próximos cuatro años, lo que dará estabilidad y permitirá aprobar sus principales leyes al Gobierno de López, un verdadero alivio para el PSE comprobada la postura beligerante del PNV.
Además, los socialistas insisten en que las críticas de haberse plegado a las exigencias del PP son «injustas». Lo cierto es que las 'Bases para el cambio' suscritas por las dos formaciones recogen en gran medida las propuestas que recogía el PSE en su programa electoral. Incluso las más polémicas, como las referidas a EITB o las políticas lingüísticas, no contradicen lo dicho por los socialistas durante la campaña, aunque también es verdad que, en determinados casos, la formación de López no ponía tanto énfasis como lo que aparece reflejado en el documento pactado. Asimismo, el PSE, que reclamaba una «reforma estatutaria» se ha conformado con una «mejora del autogobierno». Por contra, tampoco aparecen propuestas tradicionales del PP, como las relacionadas con las negociaciones con ETA o los ayuntamientos de ANV.
Aun así, algunos socialistas admiten el impacto mediático del nombramiento de Arantza Quiroga como presidenta del Parlamento vasco. «Es su momento, el nuestro llegará a partir de mayo», vaticinan.
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