El PP gobernará 'de facto' y el PSE será «rehén» del «frentismo españolista» de sus socios preferentes a la hora de sacar adelante leyes y proyectos. Así ve el panorama el PNV, que no pudo expresarlo ayer de forma más cruda: Antonio Basagoiti será «el auténtico lehendakari» y Patxi López «su marioneta en Ajuria Enea». «Votos socialistas para que mande la derecha», apostilló el líder de los jeltzales vizcaínos, Andoni Ortuzar, que compareció para valorar el acuerdo de estabilidad suscrito por PSE y PP, un anticipo de la «involución política» que, a su juicio, le espera a Euskadi en los próximos cuatro años.
El PNV escribió un nuevo capítulo del análisis catastrofista que viene haciendo desde el 1-M del cambio político e insistió, con profusión de adjetivos, en una idea que ayer desarrolló con inusitada rotundidad, la de que será el PP quien tenga la sartén por el mango tras la investidura de López. Tras recordar la costumbre socialista de instar a las bases nacionalistas a «corregir las supuestas veleidades soberanistas de nosotros, los burukides», el dirigente vizcaíno se permitió apelar en esta ocasión a la militancia de a pie del PSE y a quienes han votado a López «de buena fe» para que «vean en qué se ha convertido su voto», una especie de salvoconducto, siempre según los peneuvistas, para que los populares hagan y deshagan a su antojo.
Es más, Ortuzar, muy duro con el PSE, les acusó de haber claudicado ante el PP «por pura ambición política, por puro egoísmo y egolatría». Y no se quedó ahí: aseguró que los socialistas se han avenido a entregar «las llaves del autogobierno vasco» a un partido que describió como opuesto al «desarrollo político» de Euskadi a cambio de poder «vivir realquilados en Ajuria Enea». «Un partido que se presentó a las elecciones prometiendo progresía y transversalidad se aferra ahora al salvavidas de plomo que le tiende la derecha más neoliberal y centralista», una apuesta que, vaticinó, le pasará factura en España y en Euskadi porque «la mentira y la falta de coherencia se pagan en política».
Los jeltzales creen que la designación de Arantza Quiroga para presidir el Parlamento ha sido sólo «la primera victoria» de Basagoiti, a la que seguirán «muchas más», que afectarán, piensan, al bienestar de los vascos. La dirección del partido está convencida de que el PP ha jugado sus cartas con maestría y ha logrado una influencia mucho mayor de la esperada en el acuerdo. En su opinión, el liderazgo de la Mesa ha supuesto la primera quiebra de la filosofía de «justicia e igualdad política» con la que se ha presentado el pacto, al hacer «saltar por los aires» la «pauta democrática» que tradicionalmente ha reservado ese puesto a la fuerza más votada.
Equilibrio territorial
Pese a su defensa del reparto proporcional de las plazas en el órgano directivo de la Cámara, el PNV confirmó que no cederá a Aralar ninguno de sus dos puestos en la Mesa, con el argumento de que no han sido ellos quienes han «roto la armonía» que, una vez perdida, «es muy difícil recomponer por fragmentos». Los peneuvistas presentarán candidatos a todos los puestos -el mantenimiento de la candidatura de Izaskun Bilbao busca visualizar que se les «usurpa» la Presidencia-, de tal modo que, con sus treinta escaños, retendrán el de vicepresidente y secretario segundos, que aún no han desvelado quiénes ocuparán. Aunque el EBB ya ha tomado la decisión y la ha comunicado al grupo parlamentario, los jeltzales guardan silencio al respecto. Tampoco es público aún el nombre del portavoz -cargo en el que Joseba Egibar tiene todas las papeletas para continuar- ni el de los coordinadores, aunque es seguro es que los nombramientos preservarán el «equilibrio territorial», de tal modo que vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses accedan a la dirección del grupo.
Mientras, el lehendakari en funciones reapareció ayer para presentar las conclusiones de los expertos en resolución de conflictos de la Universidad de Columbia sobre la iniciativa de participación ciudadana Konpondu que puso en marcha su Gobierno. Ibarretxe insistió en el «hartazgo» de la sociedad ante la «incapacidad» de los políticos para lograr la paz. «Si no hay diálogo no hay solución», recalcó.