Ya está. Justo un mes después de las elecciones, socialistas y populares firmaron ayer con luz y taquígrafos el documento donde recogen las bases del cambio político en Euskadi, un pacto que cubre los principales objetivos de ambas partes. El PSE se garantiza la investidura de Patxi López como lehendakari y protege su legislatura de sobresaltos gracias a una renuncia expresa de su socio «preferente» a presentar una moción de censura. Pese a que no participará en el próximo Gobierno, el PP deja su huella en la gestión y, a la vez, se reserva un espacio para ejercer una oposición «constructiva». No lo dijeron así, pero su alianza tiene algo de pacto de no agresión. De necesidad de entendimiento ahora que suman 38 escaños, mayoría absoluta en el Parlamento, capaces de desplazar al PNV del Ejecutivo en aplicación «del mandato de las urnas».
Con la Cámara vasca como testigo, las comisiones negociadoras de los dos partidos rubricaron ayer un acuerdo que «abre una nueva etapa para cohesionar el país». Sus responsables, Rodolfo Ares e Iñaki Oyarzábal, coincidieron en sus discursos en defender la «convivencia» y la «pluralidad» para eliminar cualquier atisbo de «frentismo» en la gestión. En definitiva, se comprometen a dar «estabilidad» a una sociedad afectada por la crisis.
Sin embargo, hubo matices en sus declaraciones que dejaron entrever dos maneras diferentes de presentar el pacto. Para el PSE, se trata de «un acuerdo importante». Para el PP, de «un acuerdo histórico». Son formas de poner en escena un entendimiento inédito entre dos formaciones que hasta hace nada «se tiraban los trastos a la cabeza» en el País Vasco, en expresión de Basagoiti, y que porfían en el conjunto de España. Pese a todo, socialistas y populares vascos no han dejado escapar «una oportunidad única en los 29 años de vida del Estatuto de Gernika para que la alternancia se abra paso en Euskadi», como recoge el documento que ayer sellaron en público y por escrito. Esa es otra de las razones de peso de su alianza por la estabilidad.
Clima solemne
La firma se celebró en un clima de solemnidad en una sala del Parlamento de Vitoria. Primero llegó la delegación del PP, encabezada por el secretario general, Iñaki Oyarzábal; su portavoz, Leopoldo Barreda; los presidentes territoriales Antón Damborenea (Vizcaya), Alfonso Alonso (Álava) y María José Usandizaga (Guipúzcoa); y la parlamentaria alavesa Laura Garrido, quien ocupó el lugar de Arantza Quiroga, designada para presidir la Cámara.
Atrás quedan muchas reuniones oficiales, otras discretas, numerosos contactos telefónicos y tantos intercambios de papeles vía e-mail y fax que hasta en una sola jornada el contenido del documento cambió más de la mitad. La reunión entre López y Basagoiti, primera foto pública del pacto entre sus líderes, se producirá antes de la investidura en una fecha por determinar.
Los socialistas llegaron con el secretario de Organización, Rodolfo Ares, al frente de una comitiva que incluyó al presidente en Euskadi, Jesús Eguiguren, y a los responsables territoriales José Antonio Pastor (Vizcaya), Txarli Prieto (Álava) e Iñaki Arriola (Guipúzcoa).
Sólo cuatro negociadores dejaron su rúbrica en cada uno de los diez folios en los que se condensa un acuerdo cuyas prioridades son la lucha contra el terrorismo y la mejora de la situación económica. Oyarzábal y Barreda, por parte del PP, y Ares y Eguiguren, del PSE. Hubo un gesto raro, y no sólo por la extraña forma de Leopoldo Barreda de estampar su nombre -escribe la 'L' con la mano derecha y el resto con la izquierda, a imitación de la firma de su padre, zurdo-. En el protocolario saludo entre las partes, los populares esbozaron con naturalidad media sonrisa, frente al gesto más serio de los socialistas, casi adusto, a pesar del tono cordial con el que habían transcurrido las negociaciones. Con esa actitud, quedó reflejado que el apretón de manos con el PP no era la foto más querida por el PSE, incómodo en esa escena. En su descargo, Ares confesó que andaba algo flojo por culpa de una alergia, según se excusó después. A la humedad, precisó.
En un día frío y gris en Vitoria, los dos partidos siguieron escenificando su acuerdo, que algo hubo de esto ayer, en una comparecencia esta vez por separado. Ares puso el acento en que el PSE mantiene «la mano tendida» a otras fuerzas, a pesar del acuerdo preferente con el PP, y en que el pacto garantiza la estabilidad, uno de los logros de su partido, pues gobernará en minoría. Quizá la calma de saberse ya a salvo de zarandeos, al menos en el arranque de la legislatura, provocó que Pastor se relajara en exceso con un pitillo a las puertas del Parlamento tras la firma. Frente a las cámaras, Eguiguren tuvo que llamarle por el móvil para urgirle a comparecer juntos. Enseguida regresó. Rodolfo Ares también hizo hincapié en la posición de liderazgo de Patxi López en el próximo Gobierno.
Según las fechas que manejan, la sesión de investidura podría celebrarse la última semana de abril, el día 29, tras la festividad de San Prudencio. O retrasarse hasta comienzos de mayo, entre el 4 ó el 5. Será entonces cuando llegue el momento del Ejecutivo de López, de manera que el PSE pueda rentabilizar de forma más visible el pacto. Al parecer, el Rey, que debe sancionar después la investidura, podría incluso cumplir con ese requisito en domingo para acelerar los plazos.
Los populares afrontan con «optimismo en la sociedad vasca» el cambio político. Oyarzábal renovó la «lealtad» de su partido hacia los socialistas vascos y se comprometió, por «responsabilidad», a poner a salvo el pacto con el PSE de la pugna partidista del Congreso de Madrid. «Ponemos el acento en lo que nos une», aseguró. Álava, pese a las diferencias, no fue ayer objeto de discrepancia. El PP insistió en que no renuncia a recuperar la Diputación de ese territorio, aunque «cuando corresponda». El PSE recurrió al 'pasapalabra' y se remitió al acuerdo sobre el Parlamento y el Gobierno de López, ejes consagrados en un pacto que ya está firmado.