Hace dos años, Boris Izaguirre (Caracas, 1965) quedó finalista del premio Planeta con la novela 'Villa Diamante'. Hasta ahora lleva vendidos más de 170.000 ejemplares, una cifra «espectacular», según responsables de la editorial. Este éxito le ha permitido coger confianza y adentrarse en terrenos «de mayor exigencia literaria», confesó el propio autor. «Ahora sé que tengo un público más o menos numeroso, y a ese público le voy a pedir un poco más, como me lo estoy pidiendo a mí». Izaguirre presenta 'Y de repente fue ayer' (Planeta), la historia de dos amigos, Efraín y Óvalo, cuya amistad se ve truncada por los acontecimientos que vivió la isla: la dictadura de Batista y la posterior revolución.
«Es una novela intensa en colores y sabores, con capítulos terribles y con partes emocionalmente muy intensas». Izaguirre, curiosamente, no conoce Cuba. Ni siquiera quiso hacer una escapada para ambientarse. «Lo que cuento lo tengo en mi imaginación y he querido que fuese pura literatura; si llego a ir a Cuba me hubiera contaminado de imágenes turísticas y comerciales que no me interesan nada». El registro reflexivo de Izaguirre es muy distinto al de ese chico que se despelota ante millones de espectadores. Domina la ironía y también el espectáculo. «A mí, en realidad, lo que me hubiera gustado escribir es 'Ben-Hur', sobre todo por la amistad de Ben-Hur con su amigo Messala, que va mucho más allá de una mera amistad, por mucho que Charlton Heston y la Metro Goldwyn Meyer lo negaran».
Boris Izaguirre recordó al cubano Félix B. Caignet, el inventor de la 'radionovela'. «El personaje de Efreín es en buena medida un homenaje a este mago, un hombre que en los años 40 se atrevió a abordar en el serial 'El derecho a nacer' el actualísimo problema del aborto». El escritor y 'showman' venezolano explicó que la fórmula de la 'radionovela' fue traslada a televisión con un extraordinario éxito. «Después se extendió por toda Sudamérica y llegó España en los años noventa con la celebrada 'Cristal'».
A Leopoldo Alas
Los sentimientos de los personajes se van moviendo al mismo compás que los acontecimientos históricos. «Algo nace con una esperanza, y esa esperanza acaban corrompiéndose; es lo que ocurre en esta historia y lo que le ocurrió a la generación de mis padres». La novela está dedicada al poeta Leopoldo Alas, fallecido el pasado mes de agosto. «Fue la primera persona que conocí a mi llegada a España; él me enseñó Madrid y con él me cogí tremendas borracheras».