Los trabajadores de una empresa ubicada en Ariznabarra no pueden evitar mirar «cada cinco minutos» por la ventana. No lo hacen para entretenerse ni tampoco para huir del aburrimiento, sino por miedo. Desde la oficina vigilan el parking de Castillo de Quejana, donde cada mañana estacionan sus vehículos con el temor de convertirse en nuevas víctimas de los robos que han comenzado a extenderse por la zona. «Hasta que nadie te cuenta que le han abierto el coche, piensas que no pasa, pero lo cierto es que hablando sobre el tema salen un montón de casos», comenta Eduardo.
Este hombre se quedó sin su ordenador portátil, valorado en unos 2.000 euros, hace mes y medio cuando entraron en su automóvil a plena luz del día. «Fue una mediodía mientras estaba en el trabajo. Un compañero bajó a la calle, vio la ventanilla de mi coche rota y me avisó», recuerda.
21 casos en una semana
Desde entonces, reconoce que se ha «obsesionado» con el asunto. No pasa día en que no comente lo ocurrido y entre tanta conversación ha descubierto que el aparcamiento y zonas cercanas de San Martín, como la calle Bustinzuri, sufren frecuentes robos. «En la tienda donde compré el ordenador me dijeron que habían ido más personas con el mismo problema, mis amigos conocen otro caso y a una chica de la oficina también le pasó», enumera.
Los datos de la Policía Local confirman sus sospechas. El pasado fin de semana se registraron trece delitos de este tipo y diez más en grado de tentativa en la ciudad. Desde el lunes, además, se han contabilizado otros ocho casos.
Irune trabaja en la misma empresa que Eduardo y su coche fue uno de los asaltados en los últimos días también en Castillo de Quejana. «Me llamó la Policía de madrugada. Al parecer, un vecino estaba fumando en la ventana de su casa cuando oyó un 'crack' y vio que algo pasaba en el parking», relata. Alguien acababa de romper una luna de su turismo -en el de al lado también entraron- para llevarse «el radiocedé, no tenía nada más». Sin embargo, la pérdida del aparato es lo que menos importa a esta joven: «Lo que me da rabia es que siga habiendo robos y nadie haga nada. Podían poner patrullas por la noche».
Eduardo, sin embargo, cree que estos ladrones «pasan de todo». Lo comprobó hace unas semanas cuando observó a «ocho personas paseando por el aparcamiento. Fingían que no se conocían, pero todos miraban dentro de los vehículos». La Policía Local, que acudió al lugar tras el aviso de estos peculiares vigilantes, comprobó que los jóvenes no habían abierto ningún coche aunque habían sustraído varios artículos en un supermercado cercano. «No les pillaron, pero algo estaban tramando», advierte con preocupación.