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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

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E l señor García y un servidor mantenemos desde hace tiempo varias controversias y discrepancias, siempre en tono amistoso, pero sin que ninguno de los dos dé su brazo a torcer. Mi amigo, por ejemplo, cree en los horóscopos y yo no. Mi amigo cree incluso en las visitas de los platillos volantes extraterrestres y yo tampoco.
Pero hay una tercera discrepancia que es de la que vamos a hablar hoy. El señor García cree que existen los famosos fantasmas de los viejos castillos, esos entes extraños que se visten con una sábana y por lo visto se entretienen saliendo a las doce de la noche a caminar por los pasillos arrastrando unas misteriosas y sonoras cadenas.
Las leyendas dicen que puede tratarse de almas en pena, es decir almas de personas que tienen que realizar alguna penitencia antes de ir al cielo y por lo visto han elegido como ejercicio expiatorio lo del paseo nocturno con cadenas incluidas.
Admito que esta creencia está bastante extendida y que se ha plasmado en relatos, novelas y hasta películas. Pero considero que esto no es ninguna prueba, aunque el señor García se agarre al famoso refrán que dice «cuando el río suena, agua lleva». Y así seguimos tan amigos, quedándose cada cual con su perra gorda y aquí paz y después gloria.
¿Y a qué viene esto de los fantasmas, se preguntara el pío lector y la pía lectora? Pues se lo voy a explicar, porque hace unos días nos ocurrió un hecho muy curioso. Íbamos paseando el señor García y yo por la calle Autonomía, pasada La Casilla, cuando el señor García me agarró el brazo con fuerza, me detuvo ante un escaparate en el que se ofrecían diversos artículos de tela y con un gesto de superioridad me señaló el letrerito que había en una de las cajas. Decía así: «Sábana fantasma». Lo cual, en opinión de mi amigo, es prueba irrefutable de que los fantasmas existen.
No pudimos aclarar el misterio, porque era domingo y la tienda estaba cerrada; pero a petición del señor García, aquí queda la noticia por si en nuestro castillo de Butrón (por ejemplo) existe algún fantasma y quiere sustituir su sábana vieja por otra nueva.
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