Los empresarios vascos, que se han comprometido a colaborar «lealmente» con el nuevo Gobierno vasco en la lucha contra la crisis económica y el terrorismo, insinuaron ayer razones políticas en la huelga general convocada en Euskadi por los sindicatos nacionalistas para el 21 de mayo. CC OO y UGT también rechazaron radicalmente la jornada de protesta al considerar que consolida el «frentismo sindical» y supone «una patada anticipada» al proceso de diálogo social prometido por Patxi López.
La patronal Confebask expresó su «asombro» por la iniciativa que, a su juicio, responde a motivos de «conveniencia y alcance extralaboral» y a la «habitual estrategia de conflicto y confrontación de la que ELA y LAB vienen haciendo gala en todos los ámbitos». La organización que preside Miguel Lazpiur calificó el paro de «anacrónico e irresponsable» y lamentó que sea la «única respuesta» que ofrecen las centrales abertzales «ante una situación de emergencia mundial». Además, advirtió de que la huelga se produce en una coyuntura «especialmente delicada», y sostuvo que sólo servirá para «empeorarla» y «en nada beneficia el empleo ni los intereses de los trabajadores vascos», a los que «manipula» tratando de «arrastrarles al servicio de intereses ajenos».
Se trata de una herramienta «demasiado potente» que «no va a solucionar nada», declaró el presidente de la patronal vizcaína Cebek. José María Vázquez Eguskiza consideró que hubiera sido «legítimo» que los sindicatos hicieran «una manifestación pública» en defensa del empleo, pero no un paro general. Los empresarios -subrayó- han «creado riqueza durante años», trabajan «día a día» para mantener sus compañías y «no son los culpables» de una crisis que es fruto de la «contracción de la demanda».
«Patada a la mano tendida»
Desde el lado sindical, el secretario general de CC OO de Euskadi, Unai Sordo, tachó de «excluyente, mediática y virtual» una convocatoria que ve «comprensible» en unas centrales «sin ninguna capacidad de incidencia real ante la crisis». Además, lamentó que de nuevo se haya perdido la oportunidad de «establecer un marco de intercambio de puntos de vista y de posibilidades de acción sindical conjunta».
El secretario confederal de la organización, Ignacio Fernández Toxo, que se encontraba ayer en Bilbao, criticó también la oportunidad de la huelga general, que debe «reservarse para otras situaciones»; en concreto, «para el caso de que se ataquen los derechos laborales o sociales en nuestro país». Algo que, precisó, no espera que se produzca, ya que así se lo garantizó el pasado lunes José Luis Rodríguez Zapatero.
UGT de Euskadi expresó su «sorpresa» por una medida que «consolida el frentismo», a la vez que rechazó la «prepotencia de ELA y el seguidismo de LAB». La protesta es, en su opinión, una «patada anticipada a la mano tendida por el nuevo Gobierno vasco» y se ha decidido «a espaldas de sindicatos representativos de Euskadi», que agrupan a miles de trabajadores.
Por otro lado, Aralar respaldó la convocatoria de las dos organizaciones abertzales y reclamó «una política de empleo diferente», un «cambio radical» en política fiscal y el impulso de la inversión pública.