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Economía

01.04.09 -

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C on el caso de la Caja Castilla-La Mancha el domingo se abrió el baile de las intervenciones, que pueden modificar sensiblemente el mapa financiero español, sobre todo si le añadimos el componente de las fusiones. En una de sus más sosas apariciones públicas, el vicepresidente económico, Pedro Solbes, nos aseguró que se trataba de un caso aislado, sin probabilidades de repetición. Pero la tranquilidad no nos ha durado mucho. Ayer mismo, el gobernador del Banco de España lanzó una serie de tres avisos de esos inhabituales, dado que no necesitan traducción. Primero: «Será necesario reestructurar algunas entidades de mediano y pequeño tamaño». Segundo: «Se reducirá considerablemente el número de entidades». Tercero y último: «Deberíamos prepararnos para emplear más recursos públicos que en ocasiones anteriores». Entre las explicaciones balbucientes de Solbes y las crudas reflexiones de 'Mafo', ¿con qué se quedan ustedes? A mí me da la impresión de que el Banco de España conoce mejor la situación real del sistema y tiene menos restricciones a la hora de expresar en público sus temores.
Morosidad colosal
Las enormes dificultades existentes para obtener la liquidez que bancos y cajas necesitan para cumplir los compromisos adquiridos se completan con el colosal aumento de la morosidad que, entre otras cosas, provoca la huida de la demanda. Por eso parece claro que no podremos evitar enfrentarnos con nuevos episodios de salvamento. De momento, hemos empezado con mal pie. Tras dos meses de amagar con la fusión y de arrastrar por el suelo el prestigio de CCM, hemos terminado en una intervención apresurada y brusca. Para terminar ahí, debían haber empezado por ahí.
CCM ha sido el primer episodio y un mal ejemplo. El conocimiento preciso del Banco de España sobre la situación debe servir para adelantarse a las dificultades. Siempre es mejor, y más barato, curar al enfermo que enterrar al muerto.
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