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El director Gorka Merchán estrena este viernes 'La casa de mi padre', una emocionante cinta sobre un País Vasco atenazado por la violencia

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«¿Quién les ha dado derecho a estos a robarme la vida?», se pregunta el periodista encarnado por Álex Angulo en 'La casa de mi padre'. Contempla a diario las concentraciones de familiares de presos bajo su ventana. Está en la diana de ETA por escribir con libertad. Hasta que un día le acribillan por la espalda cuando regresa del kiosco de su pueblo, con los periódicos del día frescos bajo el brazo. También llovía el 7 de mayo de 2000, cuando José Luis López de Lacalle dejó un paraguas abierto sobre los adoquines al caer asesinado como símbolo de libertad.
El director Gorka Merchán escuchó a Alain, hijo del llorado columnista, antes de rodar una escena donde omite por pudor el impacto de las balas. «Me parece más cinematográfico: la pistola y los sesos volando ya los muestran los americanos. Quería respetar el sufrimiento actual de las personas que me han abierto sus corazones y recuerdos». Merchán, donostiarra de 32 años, estrena este viernes su ópera prima. Lo hace desde la humildad y el conocimiento de quien ha nacido en Intxaurrondo, «un barrio duro pero también muy acogedor». Las ventanas de su casa familiar reventaron por un coche bomba y tiene amigos en la cárcel. Ha crecido «esquivando manifestaciones en el Boulevard».
El drama cotidiano de los amenazados por ETA forma parte del paisaje real y terrible que Merchán dibuja en 'La casa de mi padre', que se presentó en el pasado festival de San Sebastián. El guión se escribió durante la tregua, el rodaje se encontró con la vuelta a la lucha armada y su estreno coincidirá con la constitución de la mesa del Parlamento vasco que elegirá al primer lehendakari no nacionalista. «Es sano que un partido que ha estado treinta años en el poder lo deje, porque el ser humano tiende a apoltronarse. Nos esperan cuatro años de pelea en el Parlamento. Y estoy convencido de que ETA se radicalizará. Van a esgrimir dentro de su corta mente que las elecciones las ha ganado un partido nacionalista y que Patxi López no es su lehendakari. Tristemente, harán lo único que saben hacer».
«La casa de todos»
El poema que Gabriel Aresti escribió en 1963 da título a una historia que arranca con un regreso. Un industrial al que hace diez años quemaron la empresa por negarse a pagar el impuesto revolucionario (Carmelo Gómez) vuelve a su pueblo natal en Guipúzcoa. Su hermano, del que se distanció por motivos ideológicos, se está muriendo. Le confía a su sobrino (Juan José Ballesta), que juega a pelota y canaliza su odio en la kale borroka.
Escribía Aresti: «Me moriré/se perderá mi alma/se perderá mi prole/pero la casa de mi padre seguirá en pie». Según Merchán, «una imagen mítica de la que el nacionalismo se ha apropiado para aplicarla a la idea de nación vasca». Cajeros incendiados, herriko tabernas, miradas furtivas... Una Euskadi dolorosamente reconocible que ha levantado ampollas en las proyecciones del filme. Como en Vitoria, donde un espectador se le encaró. «Fue una anécdota, un fenómeno aislado. Lo siento por él, porque a mí se me pasa rápido, pero ese bestia tendrá que seguir siendo él mucho tiempo. Ya es hora de abrir las puertas de par de par y ventilar el aire viciado. Esta es la casa de todos, no hay otra opción. Vivimos en un mundo globalizado, desayunamos en Donosti y cenamos en Nueva York. Todos los nacionalismos excluyentes son un retraso. Pero soy optimista. Me gustaría ver el final de ETA. Y advierto signos como la subida de votos de Aralar, una izquierda abertzale legítima que condena la violencia».
Gorka Merchán defiende una película «contada desde el corazón y la verdad». Sólo le reconcome el escaso apoyo promocional de la distribuidora Filmax -«no ha apostado por la película, nada raro en el cine español»- y la imposición de los productores de sustituir el 'Lau teilatu' de Itoiz por la versión de Mikel Erentxun y Amaia Montero. Ya ha rodado un documental sobre el pintor Eduardo Chillida Belzunce y escribe su próximo largo, la historia de un ladrón de arte que recorre Europa. «Yo he venido aquí para quedarme. Seguiré haciendo películas mientras me dejen».

o.belategui@diario-elcorreo.com
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