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Álava

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El vitoriano José Ramón Ortiz de Landaluce se convirtió ayer en el primer visitante del flamante complejo
27.03.09 -

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«Lo más bonito es Bendaña»
Ortiz de Landaluce observa una de las vitrinas del Bibat. / IGOR AIZPURU
Se llama José Ramón Ortiz de Landaluce, tiene 67 años, es de Vitoria y reside en Los Arquillos, encima de la zapatería que regentó en la calle Mateo Moraza. Es la ficha del primer visitante oficial del nuevo Bibat. Ortiz de Landaluce traspasó el portón metálico a las 16.04 horas de ayer, cuatro minutos después de que las instalaciones se abrieran el público.
Y, a primera vista, el nuevo edificio que alberga la colección de Arqueología no le entusiasmó demasiado. «No me gusta mucho, pero luego será muy bonito. Es algo parecido a lo que ocurrió con la escultura de El Caminante, que al principio no gustaba», recordaba.
La madera, «demasiado oscura», y las vistas desde los ventanales «no muy acordes con lo que es el Casco Viejo» no fueron de su agrado. Además, «ya me dijeron que las huellas de las pisadas se quedan marcadas, y es cierto», decía mientras echaba la vista atrás. El primer visitante echó también en falta la «poca información» de las vitrinas y de las esculturas o piezas arqueológicas. «Faltan muchas indicaciones», reclamó. Lo mismo que el folleto que entregan a la entrada a los visitantes. «No tiene plano y sirve para muy poco», subrayó.
Pese a todo, Ortiz de Landaluce se deshizo en elogios hacia la colección de arqueología, mientras intentaba conocer en un panel interactivo cómo era la vida en un poblado en la Edad de Hierro. «Es enorme lo que hay», admitió.
El rictus ceremonioso y, sobre todo, expectante del primer 'civil' que recorría el complejo se tornó complaciente cuando divisó el patio del Palacio de Bendaña, sede del museo de Naipes. «Esto es lo más bonito.Yo hubiese puesto en el palacio la colección de arqueología. Hay más luz». Y un poco de razón no le falta.
Recuerdos
Ortiz de Landaluce reconoció que «me gustan más» las colecciones de cartas, al tiempo que comenzaban a bullir sus recuerdos vitorianos. «Aquí estaba la exposición de muebles de Aguirre y en el otro lado -señaló el edificio de Mangado-, la carpintería».
Prometió volver y realizar una visita «más tranquila». «Ya me he hecho una idea de esto», afirmaba mientras se perdía por la calle Cuchillería.
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