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¿Bibat? Quédense con este nombre.
El complejo cultural que fusiona el nuevo Museo de Arqueología con el renovado Fournier de Naipes abrió ayer sus puertas a la sociedad alavesa en pleno corazón del Casco Viejo con el propósito de intentar revitalizar y hacer más atractiva una de las zonas más 'sensibles' de la ciudad. La apuesta es arriesgada, pero sus promotores lo tienen claro. La acuciante crisis protagonizó una austera inauguración de casi 300 invitados y ningún canapé. El lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, y el diputado general, Xabier Agirre, fueron los encargados de descubrir la placa de un museo que llega con tres años de retraso para convertirse en un «hito» en la oferta cultural del País Vasco.
Con un presupuesto de 14,6 millones, el Bibat está llamado a ser el socio perfecto de la catedral Santa María para que la 'almendra' medieval se consolide como un foco de referencia de cara al exterior y logre la ansiada integración en el conjunto de la capital. La entrada se ubica en la calle Cuchillería, desde donde se accede a un gran patio interior que ofrece al visitante una panorámica en la que el bronce y el cristal del nuevo edificio que acoge el Museo de Arqueología se asocia con la vetusta piedra del atractivo palacio renacentista de Bendaña (siglo XVI), que alberga desde hace quince años el Fournier de Naipes.
«Es un cofre denso, hermético por fuera, y sugerente y mágico en el interior», destacó el 'padre' del proyecto, el prestigioso arquitecto navarro Patxi Mangado. «Es un museo que obliga a pensar, muy respetuoso con el pasado, porque no tenemos que olvidar que somos lo que fuimos y fuimos lo que seremos», explicó a modo de introducción haciendo de cicerone en una visita guiada. En el recorrido, además de Ibarretxe y del diputado general participó una amplia representación política encabezada por la presidenta del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao, el de las Juntas Generales, Juan Antonio Zárate, el alcalde, Patxi Lazcoz, o la consejera vasca de Cultura, Miren Azkarate. También estuvo la nueva directora del centro, Itziar Ruiz de Erentxun. No asistió la anterior responsable de Arquelogía Amelia Baldeón.
Numerosos imprevistos
Pese a la yuxtaposición de los proyectos a través de una única marca (Bibat), el protagonismo recayó en el Museo de Arqueología, un ambicioso proyecto impulsado por el Gabinete Rabanera en primavera de 2000. Desde entonces, una mezcla de mal fario -robo de una veintena de toneladas de bronce- y complicaciones constructivas y burocráticas han provocado una demora de tres años y un sobrecoste de 4,6 millones de euros.
Todo ello sin contar la negativa repercusión que sobre el complejo ha tenido el anuncio de los falsos hallazgos del yacimiento de Iruña Veleia. «La clase política no deberíamos lamentarnos por estos problemas. Lo importante es afrontarlos con valentía», enfatizó la diputada de Cultura, Lorena López de Lacalle, en referencia a la agria polémica de los últimos meses.
Pero ayer tocaba hablar en positivo, desde la «satisfacción» de ver que el Bibat, «por fin», ya es una realidad. Así lo manifestó Ibarretxe, quien recalcó que el proyecto demuestra «el afán por superar la contradicción que todos tenemos en la vida. Debemos estar orgullosos de nuestro pasado para construir nuestro futuro de forma libre».
Menos críptico se mostró el diputado general, que arropado por todo su gabinete se mostró «orgulloso» de que la Diputación sea «punta de lanza, liderando equipamientos culturales de gran calado en el casco histórico, lo que repercutirá en la revitalización de la zona». Una idea también compartida por Ibarretxe, que calificó de «maravillosa» la combinación del Bibat con la catedral Santa María, uno de los referentes turísticos de la ciudad. En sus discursos eludieron recordar a los impulsores del proyecto, los populares.
Desde ayer, el cofre' de Mangado acoge una exposición arqueológica permanente de 1.500 piezas y recursos visuales distribuidos a través de cuatro plantas en un discurso que se extiende desde el Paleolítico hasta la Edad Media alavesa. Todo ello en un ambiente íntimo dominado por la penumbra que ofrece la madera wengué. Pero a escasos metros, Fournier también juega sus cartas. En concreto, una exposición permanente de 250 barajas y unos fondos de otras 20.000. Tres años después de lo previsto, el Bibat es una realidad. Dos espacios, un único patrimonio.


a.lorente@diario-elcorreo.com
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