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250 ancianos reciben ya la comida a domicilio, un 37% más que en 2006
Los cocineros de la cocina central de la residencia pública, en plena faena para preparar cientos de menús que mejoran la calidad de vida de muchos mayores./ EDUARDO ARGOTE
Un total de 250 personas mayores de 65 años recibe a diario, en sus propias casas, la comida que les prepara el equipo de veinte cocineros de la residencia pública San Prudencio. El número de vitorianos que se beneficia de estos menús a domicilio, subvencionados por el Ayuntamiento -cada usuario paga en función de su pensión-, se ha disparado en los dos últimos años, de tal manera que en la actualidad llega ya a un 37% de ciudadanos más que en 2006. Así, si entonces comían, merendaban y cenaban gracias a esta prestación 188 comensales, a finales de 2008 lo hacían 259. De ellos, sólo ocho tenían una edad inferior a los 64 años y casi todos padecían distintos problemas de índole social.
El envejecimiento progresivo de la población y la búsqueda de nuevas alternativas a las residencias son dos de las razones que explican esta mayor demanda. El concejal de Asuntos Sociales, el socialista Peio López de Munain, apunta a una tercera. Se trata de la mayor información y difusión de este servicio, que resulta muy cómodo para los beneficiarios. «La gente mayor cada vez tiene una actitud más activa hacia este tipo de iniciativas y, además, los servicios de base les animan a utilizarlas», indica.
El edil socialista defiende esta prestación por su contribución a mantener más tiempo a los ancianos en su entorno. «Aquí no sólo se trata de hacer residencias, éstas están bien cuando la personas no pueden valerse, pero si tienen autonomía, lo mejor es que vivan junto a sus amistades y rodeados de sus recuerdos», enfatiza.
Para López de Munain, medidas como ésta, la telealarma o la ayuda a domicilio son más beneficiosas para los jubilados que el geriátrico puro y duro. «Allí llegan y se encuentran en otro lugar, lejos de sus amistades, con normas y horarios nuevos. Sienten que, en cierto modo, les anulan», agrega.
Este 'catering' puerta a puerta, puesto en marcha ya hace catorce años por el Departamento municipal de Asuntos Sociales, es vital para un colectivo al que, a menudo, le resulta prácticamente imposible hacer la compra, cocinar y fregar a diario. Además, desde los fogones de San Prudencio se preparan cada día más de seiscientos platos más para sus propios residentes y para las personas que acuden a los comedores de los centros de mayores,
82 años de media
Pero no sólo se trata de evitar que realicen esfuerzos titánicos. Esta medida ayuda a los ancianos a llevar una dieta equilibrada, algo que a veces resulta difícil de conseguir con este colectivo.
Así, en lugar de que estas personas coman lo mismo toda la semana o se apañen con un caldo y alguna cosa fría, tienen a sus disposición a diario hasta cinco tipos de menús. Los cocineros elaboran platos básicos, pero también otros alternativos para quienes no pueden masticar, tienen diabetes o necesitan comidas astringentes. «Los menús se hacen con mimo para que resulten atractivos y disfruten del placer de comer. Y ellos están encantados, algo que no es fácil, porque a todos nos gustan nuestra comida», agrega el concejal.
Una empresa con tranporte especial para comida se encarga del reparto. Sus trabajadores van tres días a la semana a los diferentes domicilios y hacen entrega a los usuarios de los alimentos que comerán, merendarán o cenarán en los dos días siguientes, todo ello en envases herméticos y con las instrucciones adecuadas para templar en el microondas. «Se elaboran las comidas de manera que, cuando se vayan a comer, estén como recién hechas, no recalentadas», matiza López de Munain, quien anuncia su firme intención de potenciar este servicio. «Es el futuro de la atención a los mayores», justifica.
La edad media de los usuarios ronda los 82 años y predominan las mujeres. De todos ellos, 144 son personas que viven solas. El resto reside con su pareja, con algún hijo o con hermanos. Se da la circunstancia de que, dadas las edades de los comensales, la gran mayoría carece de estudios, aunque entre ellos también hay doce personas con formación universitaria.
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