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Álava

ÁLAVA

La situación de esta joven brasileña y de su familia es tan desesperada que han preferido volver a su pueblo natal
20.03.09 -

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La odisea de Eli Lima
Una familia, ajena al reportaje, a punto de volver. / EL CORREO
Ulises tardó más de veinte años en regresar a Itaca y para ello tuvo que sortear innumerables obstáculos, pero volvió y lo hizo como un héroe. La odisea de la joven brasileña Eli Lima y de su pequeña familia tiene tintes más trágicos y un final aún incierto. Ella y su marido vivían con su hija de apenas dos años en un pueblo del norte del país carioca cuando otros compatriotas les animaron a viajar a España en busca de prosperidad. «Decían que aquí había mucho trabajo y que se volvía con mucho dinero», relata con una dulce y triste voz Eli Lima.
La pareja vendió todo lo que tenía, incluida la casa y los muebles, para pagarse los billetes de avión y poderse abrir una nueva vida en España. Recalaron en Barcelona, donde vivieron dos años y un mes como pudieron y lograron incluso traerse a su pequeña. Él trabajó como peón en la construcción. Ella, como dependienta o al cuidado de ancianos.
«No es cierto que la vida aquí fuera fácil, esto es muy duro», reflexiona Eli. Varios reveses laborales les condujeron hace cinco meses hasta la capital alavesa, donde les habían dicho que «había más trabajo y más ayudas sociales». Pero a la familia no le iba a resultar fácil levantar cabeza tampoco en Vitoria. En situación irregular, los trabajos a los que han podido acceder han sido precarios y de economía sumergida.
Nada más llegar, al marido le dejó colgado y sin cobrar un contratista que ha desaparecido del mapa, según relata Eli. Y ella acaba de ser víctima de un despido más que injusto. «Yo cuidaba a una señora dos horas cada día de lunes a domingo por 60 euros a la semana y el marido me ha echado porque un día paré para entrar al baño», explica con el tono del que no entiende tamaña arbitrariedad.
Separados
La familia viviría ahora en la calle si no fuese porque la Asociación de Residentes Afroamericanos ha podido encontrarles sitio en sus pisos. Isabel y la niña residen en uno y Álex en otro. Se ven dos horas cada tarde. «Claro que estoy triste, para vivir así...».
Ante la escasa perspectiva de encontrar un trabajo y poder normalizar su situación en Vitoria, el matrimonio quiere regresar a su país -«allí tendremos que empezar de cero porque no tenemos nada»-. Pero, por su situación irregular, tendrá problemas para lograr hasta la ayuda humanitaria que le proporciona el billete de ida, dinero para los gastos del viaje e incluso un pequeño fondo para su reinstalación de entre 400 y 1.600 euros.
Sin medios para vivir aquí y sin ayudas para poder salir se encuentran atrapados en un limbo inmisericorde del que sólo la manga ancha de las instituciones pueden sacarles. La presidenta de la asociación afroamericana, Filomena Abrantes, asegura que la odisea de Eli es también la de muchos otros inmigrantes, «que no cuentan, porque no tienen papeles» en ningún programa social, pero a los que la crisis ha terminado de devorar.
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