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Álava

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Los comerciantes del centro sienten que la ciudad les ha dado la espalda
16.03.09 -

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«Estamos en boca de todos, pero luego no se hace nada»
Ignacio Zulaica advierte de que la desertización del centro es un hecho.
«El centro de Vitoria ya no es lo que era». La percepción puede pecar de manida, pero se trata de la impresión generalizada de quienes desde hace años asisten «impotentes» al declive del 'pulmón' económico de la ciudad. La apertura de los grandes centros comerciales de la periferia, primero; las continuas obras que se han saldado con la eliminación de decenas de plazas de aparcamiento; después; y la crisis, a día de hoy, han minado hasta tal punto su actividad que a los minoristas del Ensanche no les queda más remedio que «vivir para trabajar».
«Llevamos mucho tiempo advirtiéndolo, pero la desertización del centro ya es un hecho. No hay más que echar un vistazo alrededor y comprobar que hasta en las mejores calles, como Dato, ya hay, como mínimo, tres o cuatro lonjas vacías», repasa Ignacio Zulaica.
Sin parking
Muchas tiendas como la que él regenta de deportes viven del prestigio ganado a lo largo de muchos años de trabajo. «Pero cada vez es más difícil», aseguran. «La mayoría de nuestros clientes vienen a tiro hecho. Porque nos conocen, no porque vengan al centro a pasear o a dar una vuelta. Y es que, con la cantidad de aparcamientos que han quitado, la gente prefiere irse al Boulevard antes que estar media hora dando vueltas para aparcar», analizan desde Cold Alaska, en la calle Fueros.
En la misma dirección apuntan desde el mostrador de Choni Rodrigo, en Manuel Iradier. «Esta calle siempre ha estado un tanto apartada pero nunca tanto como ahora. Y tampoco es de extrañar porque nadie se ha ocupado de ella. Las aceras son estrechas y están sucias y mal iluminadas», se lamentan.
Por ello, los minoristas del centro no entienden que el pequeño comercio esté siempre «en boca de todo el mundo si luego no se hace nada». «Somos los que damos vida a la calle y los que, encima, más sufrimos», lamenta Adela Rodríguez, de la panadería Prensa Sur. Y es que, como a la mayoría, a ella también le cuesta que le salgan las cuentas cada vez más. «Con el gasto de alquiler, la luz y los cuatro sueldos de mis empleadas, ando justa. Tanto que, si me surgiera algún imprevisto, no sé qué pasaría». Probablemente, admite, tendría que echar la persiana porque «si no hay movimiento, y en el centro no lo hay, un negocio se muere».
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