Algo menos de 5 euros por sesión. Esto es lo que cuesta cada día de tratamiento con una cicladora, un aparato que depura la sangre en casa a los enfermos del riñón. Ellos son quienes pagan los costes de la máquina -debe estar enchufada unas once horas por noche a la corriente eléctrica- sin recibir ninguna colaboración económica del departamento de Sanidad del Gobierno vasco. Euskadi y Navarra son las únicas comunidades en las que la Administración no aporta ayudas a este tipo de pacientes. Hasta ahora.
Una sentencia del Juzgado de lo Social número 1 de Vitoria dio la razón hace unos meses, por primera vez, a un usuario de la cicladora. Osakidetza deberá abonar a José Ignacio Mendaza, un vitoriano de 61 años, los costes derivados del uso durante todo un año de la máquina. «El médico le recomendó que realizara la diálisis peritoneal en casa, lo que suponía ahorrarnos el trajín de tener que acudir tres o cuatro días por semana al hospital», recuerda Mari Asun, su esposa. La familia no pensó en ningún momento que Sanidad debía correr con los gastos del aparato hasta que «un día leí en una revista que en otros lugares sí que pagaban el tratamiento», comenta.
Por casualidad, esta mujer se enteró de que podía solicitar una ayuda para costear la cicladora y decidió acudir con el informe médico de su marido al departamento de Sanidad. «Hice la reclamación correspondiente a los gastos de todo un año -José Ignacio utilizó el aparato desde octubre de 2005 hasta septiembre de 2007- que ascendía a 899,57 euros», explica. Un mes después le realizaban el ingreso en su cuenta bancaria. Sin embargo, al poco tiempo fue anulado «sin recibir notificación alguna sobre el asunto». La mujer se dirigió a la entidad financiera para reclamar el dinero. «Me lo volvieron a abonar pero a los pocos días Sanidad se puso en contacto conmigo para decirme, de malas formas, que ese dinero no me correspondía», cuenta.
699 noches
A partir de entonces comenzaron meses de reclamaciones y negativas en las que «se agarraban a que la ley sólo habla del reintegro del dinero a los usuarios de las máquinas más antiguas. En el caso de las cicladoras no sirve». Cuando la vía administrativa quedó agotada, la familia decidió acudir al Juzgado de lo Social y allí encontraron la ansiada respuesta. «Ya estábamos cansados pero mi marido se empeñó en seguir adelante y al final la sentencia nos fue favorable», admite con satisfacción.
Sanidad, según la resolución, debía pagar los gastos. Y así lo hizo, pero sólo los de un año. «Usamos la cicladora durante 699 noches y nos abonaron 181. Dicen que la sentencia se refiere a esos días y que para cobrar los demás debemos realizar de nuevo los mismos trámites», se queja.
El desgaste de más de año y medio peleando por «un dinero que nos corresponde» no ha conseguido acabar, no obstante, con sus ganas de luchar pues «ya no lo hacemos por nosotros, sino por el resto de enfermos que vienen por detrás».