Cuba no sólo es el país de Fidel Castro, de las playas paradisíacas o de los mejores puros del mundo. También esconde un enorme potencial económico que no ha pasado desapercibido para numerosas empresas vascas. A pesar del bloqueo estadounidense al régimen castrista, más de 150 compañías de Euskadi han establecido relaciones formales con la isla caribeña, algunas con tanto éxito que han enraizado allí. Cerca de cuarenta han trasladado su actividad productiva o, al menos, abierto delegaciones en toda regla en suelo cubano.
Fue a mediados de los 80 cuando los primeros empresarios del País Vasco pusieron sus ojos en Cuba. Y, en apenas un lustro, su actividad ya generaba cada año más de dieciocho millones de euros que engrosaban las cuentas de resultados de sus sedes matrices. Desde entonces, aquellas cifras se ha multiplicado casi por diez: más de 163 millones de euros en 2007.
El beneficio económico ha ido de la mano de la diversificación empresarial. Hoy las firmas vascas abarcan una importante gama de sectores: desde la construcción, la energía o la máquina herramienta hasta la refrigeración, la ingeniería o un largo etcétera.
La SPRI se percató pronto del potencial caribeño. Y en 1998 decidió abrir allí su propia oficina. En apenas un año, tramitó más de 43 proyectos empresariales y, desde entonces, la actividad ha sido constante.
El grupo alavés Guascor es uno de los que más intensamente está trabajando en la isla. Según el viceconsejero de Industria del Gobierno vasco, Iñaki Telletxea, esta empresa -dedicada al suministro de equipos electrógenos- «representa alrededor del 50% del intercambio comercial de Euskadi». Las plantas que ha levantado han sido cruciales para restablecer en un día el suministro eléctrico a muchos pueblos cubanos tras el paso de los cada vez más habituales ciclones. Antes solían estar sin corriente al menos un mes.
Las propias autoridades isleñas muestran una atención preferente hacia el empresariado vasco. Buena prueba de ello es la feria de La Habana. Este evento, que el año pasado reunió a 3.400 firmas de todo el mundo, no duda en reservar un stand exclusivo a Euskadi.
Balance positivo
Más de 24 empresas y asociaciones vascas mostraron allí sus productos en la última edición. Entre ellas el grupo Berotz, de Ondarroa. Según su director comercial, Mikel Gorostiaga, la compañía duplicó su volumen de facturación en 2007 y ya han empezado a extender su actividad -plantas de refrigeración- a otros países latinos como Panamá, Colombia o Nicaragua.
La SPRI hace un balance positivo de este intercambio comercial con Cuba. No en vano, a juicio de sus responsables, la internacionalización es ineludible en el actual mundo globalizado. Es algo que esta sociedad dependiente del Gobierno vasco tiene muy claro desde que, hace ya más de dos décadas, apostó por crear una red exterior con el fin de prestar apoyo y colaboración a las empresas que decidían extender su actividad fuera de las fronteras de la comunidad autónoma. Hoy, la SPRI tiene oficinas diseminadas por treinta países.